Cómo el modelo de venta directa de CrowdFarming promueve los alimentos frescos y una agricultura sostenible que reduce las emisiones y aporta rentabilidad a los pequeños agricultores ecológicos.

Después de haber superado varias infecciones víricas, incluida la COVID-19, mi salud necesitaba un refuerzo. Empecé a investigar con entusiasmo las propiedades nutricionales de diferentes frutas y hortalizas, y descubrí los beneficios de la papaya para la salud.

Me hizo recordar los sabores de mi infancia en Haití, donde abundaban la papaya, el mango y otras frutas tropicales. Pero ahora vivo en Luxemburgo y dejé de comprarlas hace tiempo. Las papayas son deliciosas y dulces pero resultan difíciles de encontrar, salvo las que llegan por vía aérea desde Brasil, lo cual claramente no es respetuoso con el medio ambiente. Como si Instagram tuviese constancia de mi antojo, me apareció un anuncio de una caja de papayas ecológicas de una explotación española. Por curiosidad, hice clic y aterricé en la página web de CrowdFarming, una plataforma de venta directa de agricultores europeos.

La página representa a 300 agricultores distribuidos en 15 países, principalmente de Europa. Los clientes pueden pedir cajas de frutas y hortalizas o bien productos como miel y queso. Incluso pueden adoptar un árbol, una parcela de tierra o un animal y comprometerse a adquirir su producto. Decidí pedir una caja de papayas a la explotación Casa Alta de Málaga, en España.

Un par de semanas más tarde llegó mi caja junto con una carta del productor, Carlos del Corral, en la que explicaba que las papayas se habían cosechado en su punto óptimo, pero todavía tenían que madurar hasta que la piel se volviese dorada. Tras esperar pacientemente unos cuantos días más, elegí la más madura, la corté a la mitad y me la comí con una cuchara. Tenía una textura cremosa y un sabor dulce y fresco que me transportó a mi infancia en el trópico.

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Me sentí fascinada y desconcertada a partes iguales. ¿Cómo podía ser esta papaya tan diferente de la que compraba habitualmente? Exploré la página web de CrowdFarming e incluso escuché sus pódcast sobre agricultura sostenible. Me enteré de que el Banco Europeo de Inversiones, en el que yo trabajo, ofrece ayuda a CrowdFarming a través deun acuerdo de financiación de deuda de riesgo por valor de 15 millones de euros, respaldado por el programa InvestEUEse fue el refuerzo que necesitaba.



Pioneros digitales

Cuando los hermanos Gabriel y Gonzalo Úrculo heredaron la plantación de naranjas de su abuelo de Valencia, en España, su familia les aconsejó que vendiesen la explotación, que generaba pérdidas. Sin embargo, decidieron darle una última oportunidad.

Comenzaron por vender a intermediarios como cooperativas o grandes compradores, tal y como su abuelo había hecho siempre, pero no ganaban lo suficiente para cubrir sus costes. Decidieron crear la página web «Naranjas del Carmen», para vender directamente a consumidores de toda Europa. Esta página web les permitió vender fruta a amigos de Alemania y Austria, y creció rápidamente gracias al boca a boca. Cuando la cadena pública alemana Deutsche Welle emitió un reportaje sobre su explotación agrícola, los pedidos se dispararon. La demanda fue tan fuerte que Naranjas del Carmen no tenía capacidad para atender los pedidos.

Otros agricultores de la zona que habían sido testigos de su éxito les pidieron ayuda para crear su propio sistema de venta por Internet. Gonzalo y Gabriel habían identificado un importante vacío en el mercado: una enorme demanda para poner en contacto directo a consumidores y agricultores. En 2017, los hermanos Úrculo, junto con sus socios Juliette Simonin y Moisés Calviño, fundaron CrowdFarming con el fin de ofrecer a los agricultores los servicios —software, diseño web, logística, atención al cliente, marketing y asistencia agronómica— que Naranjas del Carmen había desarrollado con el paso de los años para la venta directa a consumidores finales.

«CrowdFarming se concibió como un servicio integral para los agricultores que quieren crear su propio canal de venta directa», señala Román Martínez de Aragón, director de estrategia de CrowdFarming. «Nosotros nos ocupamos de esa complejidad, para que los agricultores se puedan centrar en cultivar, producir y cosechar sus alimentos».    

CrowdFarming está ayudando a digitalizar el sector agrícola europeo, que se compone en gran medida de pequeños productores que no disponen necesariamente de medios o conocimientos técnicos para vender directamente a los consumidores a través de una página web.

La venta directa también permite a los agricultores tener un mayor control de los precios. «Los agricultores, que generalmente aceptaban los precios que ofrecían los supermercados, ahora tienen la capacidad de fijar sus propios precios, lo que supone un cambio de paradigma en la industria», afirma Jérôme Marcelino, responsable de préstamos que coordina la inversión del Banco Europeo de Inversiones.

Delicioso y bueno para el planeta

En CrowdFarming solo participan agricultores que producen alimentos ecológicos o que se encuentran en fase de transición a estas prácticas. Los agricultores que venden a través de la plataforma son seleccionados por ingenieros agrónomos, que se aseguran de que apliquen los más altos estándares de producción, calidad y sostenibilidad.

María Martínez Hijano, de Málaga, convenció a su familia para transformar su negocio en una explotación ecológica cuando en 2017 se puso a cargo de la gestión de las fincas que les pertenecen desde hace cuatro generaciones. Empezó vendiendo mangos a través de la plataforma de CrowdFarming en 2020, con excelentes resultados. «Hemos podido crecer e innovar hacia una agricultura cada vez más integrada con el medio ambiente», afirma Hijano. «Hemos conseguido una estabilidad de precios y podemos planificar la cosecha al tiempo que los clientes obtienen también una estabilidad de precios, unos productos de muy buena calidad y la satisfacción de saber quién hay detrás de la producción».

A diferencia de algunos supermercados, CrowdFarming no almacena la producción durante semanas ni la fumiga con productos químicos antifúngicos para que dure más tiempo. Las frutas y hortalizas que se venden en la página web se recolectan en función de los pedidos de los clientes y permanecen en los árboles o arbustos hasta que están lo suficientemente maduras como para enviarlas. En la agricultura convencional, los alimentos se cosechan cuando le conviene al intermediario (por ejemplo, el supermercado) y la producción puede pasar meses en cámaras de maduración o frigoríficos industriales.

El planteamiento de CrowdFarming ayuda a garantizar que los productos conserven todo su sabor, al tiempo que crea empleo para los agricultores, que anteriormente se limitaban a cosechar los cultivos una vez al año para después enviarlos a intermediarios o supermercados. Con CrowdFarming, los agricultores tienen que planificar varias cosechas.

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© CrowdFarming

La agricultora e ingeniera agrónoma, María Martinez Hijano, entre árboles de mango en la explotación familiar, Finca Los Pepones, en Málaga (España).

«Estamos muy comprometidos con el concepto "de la granja a la mesa"» señala Cristina Domecq, directora de sostenibilidad e impacto en CrowdFarming. «En el momento en que el consumidor realiza su pedido, CrowdFarming y los agricultores se ponen en marcha, recogiendo, empaquetando y enviando los productos ecológicos más frescos directamente a la puerta de su casa. Se trata de ofrecer frescura auténtica y sin artificios».

Disrupción de la cadena de suministro

El modelo de CrowdFarming acorta la cadena de suministro eliminando la necesidad de intermediarios y el tiempo que tardan los alimentos en llegar a la mesa, reduciendo los desperdicios, las emisiones de carbono y el consumo de energía.

En 2022, CrowdFarming realizó un estudio para cuantificar el impacto que tenía su modelo sobre las emisiones de carbono y el desperdicio de alimentos. El estudio comparó el trayecto directo de las naranjas desde la explotación agrícola hasta la mesa del consumidor con el proceso de distribución convencional de los supermercados y concluyó que las ventas directas generaron un 20% menos de emisiones de carbono que el modelo de los supermercados. También reveló que solo se desperdiciaba el 3% de los alimentos en la cadena de suministro, frente al 22% del modelo tradicional.

>@CrowdFarming
© CrowdFarming

Producción de alimentos «de la granja a la mesa».

CrowdFarming cuenta con un equipo de unas 200 personas, principalmente desarrolladores de software, que trabajan para mejorar la plataforma. También mantienen un software de logística interno llamado «CrowdSender», que permite a la empresa gestionar eficazmente los pedidos, agrupándolos por regiones y asegurándose de que los camiones operen a plena carga, para que las entregas se realicen de la forma más rentable y respetuosa con el medio ambiente posible.

Gracias a la financiación del Banco Europeo de Inversiones, la empresa podrá seguir innovando en su modelo de negocio, procesos, aplicaciones digitales y software, señala Alejandro Raboso Campos, asesor del Banco Europeo de Inversiones. Y así se promueve una producción de alimentos más sostenible y equitativa.

«No es frecuente encontrar un proyecto con resultados tan directos y tangibles sobre el terreno», asegura Raboso Campos. «Es positivo para los agricultores, los consumidores y el medio ambiente, y está dirigido por un equipo de personas que disponen de la experiencia y los conocimientos técnicos necesarios».