La presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, inaugura las jornadas dedicadas a la acción del BEI en el mundo durante la edición de 2026 del Foro del Grupo BEI.
Qué maravilla de vídeo, un vídeo que nos muestra que todo está interconectado y que todos vivimos en un único mundo. Un pueblo, un mundo. Es una imagen preciosa para iniciar esta parte global, sobre la acción del BEI en el mundo, de nuestro foro anual.
Comisarios, ministros; queridos compañeros y amigos; mis hermanas Ngozi, de la Organización Mundial del Comercio, y Sania, de la Alianza para las Vacunas (Gavi); mi querido Ethiopis, que llevamos tanto tiempo trabajando juntos en muchos otros cargos; compañeros del Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, de las Naciones Unidas, de agencias nacionales de desarrollo; Su Excelencia; representantes del sector privado, de la sociedad civil; socios y aliados desde Ucrania hasta África, desde América Latina hasta el Sudeste Asiático. Bienvenidos a la segunda edición de la parte global del Foro del Grupo BEI, unas jornadas dedicadas a la cooperación internacional y a las alianzas mundiales en las que todos ganan, una expresión que escucharán mucho en los próximos paneles.
Teniendo en cuenta los dramáticos acontecimientos que estamos viviendo y el recrudecimiento del conflicto en Oriente Próximo en estos días, pero también los conflictos que han surgido en las últimas semanas y meses y las nuevas realidades que atenazan a nuestro mundo, creo que, si alguna vez ha habido un momento en el que la cooperación ha sido urgente, necesaria y esencial, ese momento es ahora. El mundo necesita ver que hay un camino alternativo. Y el trabajo que hacemos juntos, con todos ustedes, y los proyectos que hacemos realidad demuestran que, en efecto, existe otro camino. Tomemos como ejemplo el compromiso de 1 000 millones de euros con la iniciativa Mission 300 para proporcionar energía limpia y asequible a 300 millones de personas en toda África de aquí a 2030. Nos sumamos a nuestros socios del Banco Africano de Desarrollo —su presidente también está hoy aquí con nosotros; no lo veo ahora, pero debe de estar por aquí— y del Grupo Banco Mundial, representado por el vicepresidente de la Corporación Financiera Internacional, y aunamos fuerzas con estas instituciones multilaterales para mejorar la vida, los medios de subsistencia y las perspectivas de 300 millones de personas.
El primer mensaje que me gustaría compartir hoy con ustedes es que, en un mundo repleto de desafíos, Europa puede ofrecer algo muy concreto: un modelo, una trayectoria, una prueba de concepto, lecciones aprendidas. Esto es lo que pienso cuando me preguntan por qué Europa se aferra tanto a la idea de la cooperación, de las alianzas mundiales. ¿Por qué insistimos en las normas, en el derecho internacional, en las instituciones, en resultados que benefician a todas las partes? La respuesta es muy sencilla: porque conocemos las consecuencias. Lo hemos vivido. La guerra ha sido una constante en la historia de Europa. De hecho, nuestra Unión Europea es la prueba de que existe una salida a estas realidades. La Unión Europea y el Banco Europeo de Inversiones surgieron de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial.
Yo misma nací en una dictadura en mi país, España. Tenía 12 años cuando hombres armados irrumpieron en el Congreso e intentaron volver a imponer el mando militar. Hace solo unos días —y por eso lo menciono— se cumplieron 45 años de aquella noche. El régimen militar también se recuerda en Portugal y en Grecia. Muchos de mis compañeros del Banco Europeo de Inversiones nacieron al otro lado del telón de acero bajo el régimen de la URSS. Y la guerra permanece viva en la memoria de nuestros Estados miembros y países candidatos en los Balcanes. La guerra de Ucrania ha entrado ya en su quinto año.
Así pues, Europa no es una torre de marfil aislada de los problemas del mundo. Todo lo contrario. Somos una comunidad en la que la prosperidad, la libertad y la paz no estaban garantizadas. Tuvimos que luchar por ellas y conquistarlas, con reveses y tragedias por el camino. Por eso, el compromiso de Europa con la cooperación y la prosperidad compartida es producto de nuestra historia y de nuestra experiencia, y ese compromiso es muy firme.
Mi segundo mensaje es que lo que hacemos cada día importa. El futuro no está escrito. No existen varitas mágicas para construir un mundo mejor. Lo que sí podemos hacer es ir añadiendo pequeñas piezas, como vimos en el vídeo, aportando cada día nuestro granito de arena con nuestras acciones. Como dijo Robert Schuman —para quienes no sean europeos, Robert Schuman es uno de los padres fundadores de la Unión Europea— sobre la unificación de Europa: «Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto: se hará gracias a realizaciones concretas, que creen en primer lugar una solidaridad de hecho». Veo estas palabras a diario al venir aquí, en el monumento al otro lado del puente.
Y esa misma lógica puede aplicarse al mundo. Por eso, el Grupo Banco Europeo de Inversiones desempeña un papel muy importante tanto dentro de la Unión Europea como a escala mundial, porque con cada proyecto que respaldamos —financiación de escuelas en Ucrania, vacunación de niñas en Angola, construcción de líneas de metro en Vietnam y la India, suministro de energía limpia en Egipto o en países de toda América Central, acuerdos para facilitar el acceso a la financiación de los agricultores en Costa de Marfil o Sierra Leona, conexión de regiones remotas en Camerún y empoderamiento de las mujeres emprendedoras en Mauritania— ayudamos a tejer el entramado de una sociedad en la que los ciudadanos sienten que el sistema funciona para ellos. Y eso les permite confiar en el futuro, un futuro mejor para ellos y para sus hijos. Esto representa una contribución concreta a la paz, al crecimiento económico y a la estabilidad mundial.
En 2025, el Grupo BEI alcanzó la cifra histórica de 100 000 millones de euros en financiación total. De ese importe, más de 9 000 millones de euros se destinaron a países fuera de la UE, a través de EIB Global. Permítanme aclarar qué significa esto. Ucrania es nuestra máxima prioridad. El año pasado, aportamos una financiación récord, con un nuevo proyecto firmado o inaugurado cada dos semanas. La seguridad de Ucrania es la seguridad de Europa, y su causa es nuestra causa. Desde el inicio de la invasión, hemos desembolsado más de 4 000 millones de euros para restablecer sistemas de agua, reparar redes energéticas y reconstruir escuelas, centros de educación infantil y hospitales. Y nos mantendremos al lado de Ucrania en la senda hacia una paz justa y duradera, algo que, en mi opinión, todos los que estamos en esta sala esperamos que llegue pronto.
En los Balcanes, movilizamos el año pasado 1 500 millones de euros de nuevas inversiones para apoyar a los países de la región en su camino hacia la adhesión a la UE. Esto incluye importantes paquetes de financiación para mejoras estratégicas de los sistemas ferroviarios en Albania y Montenegro, la energía eólica en Bosnia y Herzegovina y los servicios sanitarios en Serbia.
El Grupo BEI invirtió el año pasado más de 3 000 millones de euros en África, para apoyar, entre otros, la producción de vacunas en Ruanda, una campaña de vacunación masiva contra el cáncer de cuello uterino en Angola y la modernización de infraestructuras críticas de transporte del agua en Marruecos. Esta semana estamos debatiendo un nuevo proyecto para ampliar las capacidades de fabricación de vacunas en Sudáfrica. De ahí la inmensa importancia de nuestra alianza con Gavi. Justamente estaba hablando con su directora ejecutiva, Sania Nishtar, sobre cómo podríamos seguir consolidando esta alianza tan importante y marcar una diferencia para el mundo.
Pasando al tema del agua, el Banco Europeo de Inversiones se cuenta entre los mayores proveedores de financiación del mundo para proyectos hídricos, desde el agua corriente en nuestros hogares hasta el tratamiento de aguas residuales y los sistemas de riego agrícolas. El año pasado aportamos más de 5 000 millones de euros de financiación para proyectos hídricos, que mejoraron los servicios de saneamiento y el suministro de agua potable para 32 millones de personas en la UE y fuera de ella, como en Oriente Próximo y todo el continente asiático.
Por ejemplo, la rehabilitación y construcción de instalaciones de tratamiento de agua en Karachi. Y los proyectos de abastecimiento de agua que firmamos el año pasado en Daca —uno de los proyectos que aparecía en el vídeo— se prevé que beneficien a más de 10 millones de personas en la capital de Bangladés. Por último, el Grupo BEI destinó un volumen de nueva financiación de casi 2 000 millones de euros a proyectos en América Latina y el Caribe, como la construcción del primer sistema de tren eléctrico de Costa Rica y la mejora de los sistemas de saneamiento en Ecuador.
Así que el segundo mensaje que me gustaría transmitir hoy, y quiero que suene alto y claro, es que en ámbitos donde algunos dan marcha atrás, Europa redobla su apuesta.
Mi tercer y último punto es que ampliaremos el alcance y la ambición de las operaciones del Grupo BEI, reflejando así la impronta mundial de Europa. ¿Cuáles son nuestras prioridades principales? Nuestros accionistas, los 27 Estados miembros de la Unión Europea, han respaldado de forma unánime nuestra nueva orientación estratégica para las operaciones mundiales, en plena consonancia con el objetivo de la UE de reforzar la voz de Europa a través de alianzas en las que todos ganan. El Grupo BEI predica con el ejemplo: ya ha movilizado 100 000 millones de euros en inversiones alineadas con la estrategia Global Gateway de la Unión Europea, es decir, dos años antes de lo previsto.
Y esta labor va a continuar. A nivel regional, nos seguiremos centrando en Ucrania, en los países de la ampliación y en los países vecinos, al tiempo que adoptamos un enfoque diferenciado que adapte nuestra oferta a las necesidades locales de África o América Latina. El Grupo BEI apuesta por un verdadero enfoque en el que todos ganan. Es la tercera vez que lo digo en este discurso. Realmente quiero que este sea el elemento central, la idea clave de mi discurso, porque ese es el enfoque europeo: firmar acuerdos y tejer alianzas en las que todas las partes ganan. Se trata de un camino distinto al de quienes creen que, para ganar, otros tienen que perder. Se trata de apoyar el desarrollo mundial y abordar prioridades comunes —desde la salud mundial hasta la acción por el clima— y, al mismo tiempo, ofrecer nuevas oportunidades a las empresas europeas y contribuir a diversificar las cadenas de suministro europeas. Los acuerdos que firmamos el mes pasado para apoyar proyectos en fase inicial de grafito y litio en Tanzania y Namibia son ejemplos de este enfoque.
El Grupo Banco Europeo de Inversiones también está colaborando intensamente en este ámbito con economías desarrolladas, como Australia y Canadá. No sabía que nuestra vicepresidenta acaba de regresar de Canadá. No sabía, querida Nicola, que ibas a unirte a nosotros.
De cara al futuro, el año que viene presidiremos el grupo de los bancos multilaterales de desarrollo, una función que demuestra que, en esta casa, nos lo tomamos muy en serio. La colaboración, las sinergias y la complementariedad del Grupo BEI con socios regionales y multilaterales, con instituciones europeas de promoción y desarrollo, con el sector privado, con la Organización Mundial del Comercio, con organizaciones y fundaciones como Gavi y, por supuesto, con la Comisión Europea, nuestra «institución hermana», amplifican el impacto y ponen de relieve el valor del multilateralismo y de un orden mundial basado en normas. Como el acuerdo que firmaremos hoy un poco más tarde con mi querida amiga Ngozi Okonjo‑Iweala, una alianza entre el BEI y la Organización Mundial del Comercio para apoyar reformas y oportunidades de inversión en África. Esto impulsará el comercio abierto a escala mundial, reforzará las cadenas de suministro y abrirá nuevos mercados y nuevas oportunidades tanto para nuestros países socios como para las empresas europeas.
Y, junto con el Grupo Banco Mundial, codirigimos la base de datos sobre riesgos de los mercados emergentes, conocida por el acrónimo GEMs, que es la mayor fuente de información a escala mundial sobre el riesgo de crédito en las economías emergentes, que se nutre de las extensas series de datos de los bancos multilaterales de desarrollo y de 40 años de experiencia en inversión. El pasado mes de octubre publicamos nuevas estadísticas que confirmaban algo muy importante para movilizar la inversión privada: las tasas de incumplimiento de los préstamos a entidades privadas en los mercados emergentes son comparables a las de las economías avanzadas. Y las tasas de recuperación incluso superan los valores de referencia mundiales. Según la OCDE, los mercados emergentes se enfrentan a un posible déficit de financiación de más de 10 billones de dólares de aquí a 2050. Y los datos de la GEMs son muy pertinentes, porque muestran que ese déficit no es una cuestión de riesgo. Es una cuestión de percepción y, también, de oportunidad. Por tanto, subsanar esas divergencias de percepción es una de las medidas más potentes que podemos adoptar para movilizar capital privado allí donde más se necesita.
Para concluir, la Unión Europea y el Grupo Banco Europeo de Inversiones seguirán construyendo puentes en un mundo de muros para promover el comercio abierto, el crecimiento sostenible y sociedades inclusivas y saludables. Es lo correcto y también lo más inteligente, porque al invertir en estos ámbitos estamos diversificando las cadenas de suministro europeas. Estamos reforzando también nuestra propia seguridad. Estamos garantizando un planeta más habitable para nuestros hijos. Cuando abrimos mercados a los exportadores europeos y respaldamos el sector privado en Asia o América Latina, creamos oportunidades que fluyen en ambos sentidos. Cuando invertimos en la producción mundial de vacunas, también protegemos nuestra propia salud. Y cuando apoyamos el empoderamiento económico de las mujeres, comunidades enteras prosperan, el mundo prospera.
Todo esto me parece obvio, aunque en algunos círculos hoy suene casi revolucionario. En esta revolución de la razón y del sentido común, el Grupo BEI mantiene el rumbo. Y estoy muy feliz y agradecida de ver a tantos aliados hoy aquí. Muchas gracias por acompañarnos. También quiero dar gracias de todo corazón a los equipos del Grupo BEI sobre el terreno y a todos ustedes por unirse a ellos para marcar una verdadera diferencia.
Muchas gracias.