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    Discurso de la presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, en el Foro de Seguridad Económica de Bruselas 2026


    EIB

    Buenos días a todos. Enhorabuena por este programa tan interesante y, además, sumamente oportuno. El paquete de soberanía tecnológica que ha presentado esta semana la Comisión Europea demuestra la seriedad con que la Unión Europea se toma la seguridad económica. La próxima semana, en la reunión de los ministros de Economía y Finanzas del Eurogrupo, analizaremos en detalle cómo seguir hacia delante y qué medidas debemos adoptar para alcanzar la soberanía. En mi opinión, esto refleja que Europa está pasando de los principios y los planes a la puesta en marcha, la ejecución y la aplicación efectiva.

    No hay lugar a dudas: reforzar las infraestructuras estratégicas y críticas de la Unión Europea y garantizar que las empresas europeas puedan producir, innovar y competir tanto en Europa como a escala mundial es, a fin de cuentas, lo que significa seguridad económica. Tenemos la capacidad, tenemos los recursos y, si actuamos con unidad y determinación, creo que podemos tener una voz fuerte en este nuevo orden mundial que se está gestando.

    El segundo mensaje que me gustaría compartir con ustedes es que la seguridad económica ocupa un lugar central en la misión del Grupo Banco Europeo de Inversiones. Cada euro que invierte el Banco Europeo de Inversiones (BEI) contribuye a este objetivo, porque garantizar la autonomía estratégica y la seguridad económica de Europa equivale a independencia energética, liderazgo tecnológico, infraestructuras resilientes y alianzas sólidas. Y eso es precisamente lo que hace el BEI. Así pues, quisiera comenzar con este mensaje de confianza, firmemente basado en las fortalezas de Europa como superpotencia industrial, comercial y tecnológica. Y se basa también en la experiencia reciente, porque tras la invasión rusa de Ucrania, Europa incrementó enormemente la inversión en energías hipocarbónicas, redes e interconectores, así como en tecnologías limpias, para liberarse de su excesiva dependencia de los combustibles fósiles. Creo que esta es la principal lección que hemos aprendido de la guerra en Ucrania y de la escalada del conflicto en Oriente Próximo. Europa necesita liberarse de su dependencia de los combustibles fósiles. Y las inversiones realizadas en los dos últimos años han permitido mantener el suministro eléctrico y contener los precios de la electricidad este año, debido a la escalada de la crisis en Oriente Próximo, que está causando perturbaciones en el suministro mundial de petróleo y gas.

    Permítanme mencionar el ejemplo de España, donde, como saben, fui vicepresidenta primera antes de asumir la presidencia del Banco Europeo de Inversiones. Los precios mayoristas de la electricidad han sido más bajos durante el primer semestre de este año que durante el mismo período del año anterior. Y ello se debe en gran medida al fuerte crecimiento de la capacidad eólica y solar de la península ibérica. También avanza la electrificación de la economía, desde la industria pesada hasta el transporte. Estos son los pilares de esta transición energética. Una transición energética de éxito constituye, por sí sola, uno de los pilares fundamentales de la soberanía, la seguridad y la competitividad económicas de Europa.

    Y el Banco Europeo de Inversiones es un actor clave en el ámbito de la autonomía energética. Nos hemos consolidado como el principal proveedor de financiación de esta transición limpia. Solo el año pasado, el Grupo BEI movilizó más de 100 000 millones de euros de inversión en energía limpia —inversión pública y privada— en la Unión Europea, con lo que apoyamos y financiamos alrededor de la mitad de todos los proyectos de redes energéticas en curso, una de cada cinco plantas solares, uno de cada tres proyectos eólicos terrestres y la mayoría de los parques eólicos marinos de Europa. Y, a la vista de los titulares, no les sorprenderá saber que también este año existe una demanda de financiación del Grupo BEI muy fuerte en estos ámbitos.

    Las previsiones sugieren que volveremos a superar los objetivos y que mantendremos un volumen de inversión récord en 2026, desde proyectos emblemáticos de energía nuclear hasta redes, soluciones innovadoras de titulización que liberarán liquidez para apoyar mejoras de eficiencia en las pequeñas empresas, pasando por tecnologías limpias y nuevos combustibles. Así pues, el primer ejemplo es la inversión en esta transición energética, que ahora mismo avanza con potencia en Europa.

    El segundo ejemplo que me inspira confianza es la manera en que Europa está respondiendo al reto en materia de seguridad y defensa. Ante una nueva realidad geopolítica, Europa está impulsando sus inversiones en defensa a una escala que habría sido impensable hace tan solo unos años.

    Para el Grupo Banco Europeo de Inversiones, esto ha supuesto un punto de inflexión. Al ampliar los criterios de elegibilidad de nuestra financiación para abarcar proyectos puramente militares y también empresas y fondos de inversión con actividades en todos los ámbitos de la defensa, hemos cuadruplicado la financiación en este sector en tan solo un par de años. Este año, el Grupo BEI va camino de alcanzar un nuevo récord de financiación en seguridad y defensa, equivalente a alrededor del 5 % de la financiación total dentro de la UE. Y contamos con una cartera muy sólida de unos 25 proyectos emblemáticos para apoyar a líderes industriales e infraestructuras, pero también a empresas innovadoras que desarrollan tecnologías revolucionarias, así como a pequeñas y medianas empresas de la cadena de suministro de los grandes contratistas europeos.

    Cabe mencionar también unicornios como Quantum Systems y Harmattan AI, que desarrollan la próxima generación de drones para reforzar las capacidades de Europa, o Tytan, otra empresa emergente que desarrolla interceptores autónomos para proteger los cielos de la UE. Y, junto con los Estados miembros y la Comisión, el Grupo Banco Europeo de Inversiones está ampliando actualmente su Mecanismo de Capital para la Defensa, un fondo de fondos pionero que impulsa el desarrollo de un ecosistema de capital riesgo que invierte en empresas innovadoras de toda la cadena de suministro de seguridad y defensa. Por lo tanto, mi mensaje de esta mañana es muy claro: Europa puede actuar con rapidez y a gran escala. Lo estamos haciendo en el ámbito de la energía. Lo estamos haciendo en el ámbito de la seguridad y la defensa y, sí, podemos hacerlo también en el de las tecnologías de frontera. Se trata de una apuesta a largo plazo, como reza el lema de este acto, en la que participan los laboratorios de investigación, las fábricas, los mercados de capitales, las industrias y las empresas.

    Y Europa está bien posicionada para jugar y ganar esta apuesta a largo plazo, porque cuenta con fortalezas muy relevantes y el Grupo Banco Europeo de Inversiones actúa como facilitador estratégico. Paneuropeo por definición, el Grupo BEI tiene proyectos en todos y cada uno de los rincones de la Unión y en 160 países de todo el mundo. Cuenta con un balance de 600 000 millones de euros, una sólida calificación AAA y alrededor de 100 000 millones de euros de financiación anual para las prioridades políticas comunes de Europa. Los 27 Estados miembros de la UE representan el accionariado del BEI. Y esto es extremadamente importante cuando hablamos de seguridad económica. Además, el Grupo BEI dispone de una cartera diversificada que permite invertir en infraestructuras a gran escala, pero también en proyectos muy innovadores y de alto riesgo que son fundamentales para el liderazgo tecnológico de Europa, y que atraen constantemente financiación privada. El BEI aprovecha cada euro de las garantías del presupuesto europeo para movilizar 15 euros de inversión en las prioridades políticas comunes.

    La próxima semana anunciaremos, junto con la Comisión Europea, una modificación de una de esas garantías clave, la garantía InvestEU, para lograr un mayor impacto y movilizar 70 000 millones de euros adicionales dentro del marco financiero plurianual actual. Aprovechamos eficazmente el poder de movilización de estos instrumentos, de ahí que el Grupo Banco Europeo de Inversiones se haya convertido en el mayor financiador de capital riesgo de Europa, con una cuota de mercado del 30 % en venture debt y del 24 % en capital riesgo, que canalizamos a través de nuestra filial, el Fondo Europeo de Inversiones. Trabajamos cada día con los innovadores más brillantes del continente, que aportan experiencia y estos conocimientos especialidados. En este sentido, permítanme mencionar tres puntos en materia de tecnología e innovación.

    He mencionado la autonomía energética. He mencionado las capacidades de seguridad y defensa. El tercer punto que deseo mencionar es la innovación tecnológica. Porque la verdadera seguridad económica no reside en lo que excluimos, sino en lo que somos capaces de hacer por nosotros mismos. La posición de Europa es tan fuerte precisamente porque la Unión Europea es uno de los centros de excelencia mundiales en computación cuántica y de alto rendimiento y una potencia en robótica industrial y fabricación avanzada en tecnologías aeroespaciales, biotecnología, tecnologías de la salud y dispositivos médicos, y en productos farmacéuticos avanzados. Estas son las tecnologías de frontera que determinarán la seguridad y la prosperidad del mañana.

    No se trata de algo abstracto, sino de compañías y empresas con nombre propio que reflejan este liderazgo. Por supuesto, todos pensamos en Airbus cuando se habla del sector aeroespacial, pero quisiera mencionar empresas más pequeñas que están marcando la diferencia, como Quandela, en Francia, que desarrolla computación cuántica de nivel industrial. O Isar Aerospace, en Alemania, que está creando una nueva generación de cohetes que consolidará el acceso autónomo de Europa al espacio. O también la empresa polaca de tecnología profunda Synerise, que desarrolla inteligencia artificial conductual y soluciones de macrodatos que permiten una experiencia de cliente personalizada y ayudan también a las organizaciones a detectar y evitar el fraude.

    A principios de esta semana estuve en España para firmar un nuevo acuerdo de financiación con Ingeteam, una empresa líder en dispositivos eléctricos, como los inversores solares. Vamos a financiar su programa de investigación, que es clave para desarrollar la autonomía de Europa en un ámbito que constituye una posible fuente de vulnerabilidades en materia de seguridad para la transición energética.

    Este es el espíritu del paquete de soberanía tecnológica: el nuevo Reglamento de Chips, el impulso a la nube soberana o el código abierto. Una estructura tecnológica puramente europea, que la Comisión Europea presentó ayer mismo.

    El segundo aspecto que deseo abordar en materia de tecnología, y que ocupa un lugar central en nuestra lista de prioridades, es que debemos cerrar la brecha entre el laboratorio y la fábrica. Europa inventa, nuestros investigadores publican estudios de vanguardia y nuestras universidades no tienen parangón. Obtienen galardones y registran patentes. Contamos con un dinámico ecosistema de empresas emergentes comparable al de Estados Unidos. Pero, muy a menudo, nuestras empresas tienen que marcharse para encontrar capital de crecimiento y expandirse en otros mercados, bajo bandera ajena. Que no quepa lugar a dudas: la brecha de expansión es una brecha de seguridad. Es una brecha de seguridad económica. Por eso debemos cerrarla.

    El año pasado, pusimos en marcha TechEU, el mayor programa de financiación hasta la fecha para apoyar la inversión en nuevas tecnologías disruptivas. Bajo estos auspicios, estamos ampliando la iniciativa European Tech Champions, el mayor fondo de fondos de este tipo en Europa dedicado íntegramente a las empresas en expansión (scaleups), y también hemos comenzado a dar cabida a inversores institucionales privados. En su primera fase, la iniciativa European Tech Champions impulsó la creación de 15 megafondos en Europa —lo que prácticamente duplica el número de megafondos con más de 1 000 millones de euros de capital en Europa— y facilitó la constitución de 12 unicornios. El caso más reciente es el de Mews, una empresa neerlandesa que desarrolla soluciones en la nube para el sector hotelero.

    Al mismo tiempo que apoyamos a las empresas en expansión, también estamos desplegando un conjunto completo de herramientas de salida para fundadores de empresas respaldadas por capital riesgo: instrumentos convertibles, financiación de adquisiciones, apoyo a las empresas que deseen cotizar en los mercados europeos, etc. En este contexto, también hemos puesto en marcha una nueva iniciativa piloto con Inbonis para estudiar cómo pueden aprovecharse las calificaciones crediticias independientes para ayudar a las empresas innovadoras a demostrar su solvencia y poder acceder con mayor facilidad a la financiación bancaria. Realizamos constantemente estudios de mercado para identificar las lagunas existentes y examinar de qué manera el Grupo Banco Europeo de Inversiones puede colmarlas y ofrecer su apoyo.

    La escala y la rapidez son esenciales, y por eso estamos reduciendo la burocracia y acelerando los procesos para poder responder con la celeridad que necesitan las empresas. Y todo ello converge en la Unión de Ahorros e Inversiones, al tiempo que complementa unas reformas regulatorias que también están cobrando impulso gracias al liderazgo de los seis mayores Estados miembros. Cada dos semanas se reúnen con la determinación de avanzar y lograr resultados de aquí a finales de año.

    El Banco Europeo de Inversiones, como decía, complementa estas iniciativas regulatorias adoptando un enfoque ascendente, con instrumentos paneuropeos concretos que ofrecen opciones para que los inversores asignen capital y para que las empresas crezcan. El Grupo Banco Europeo de Inversiones actúa como inversor no principal y desempeña un papel destacado a la hora de profundizar los mercados de capitales europeos, reducir la fragmentación, atraer a inversores y reforzar la previsibilidad. Lo hacemos en estrecha colaboración con la Comisión Europea, contribuyendo a iniciativas europeas y nacionales como el fondo ScaleUp Europe, con el objetivo de ofrecer a inversores y fundadores de empresas emergentes todo un abanico de opciones de financiación, una plataforma integral adaptada a las necesidades de los inversores y las empresas.

    El tercer y último punto que deseo mencionar es que ganaremos esta apuesta a largo plazo con nuestros socios, no permaneciendo aislados. La autonomía estratégica nunca ha significado hacerlo todo solos. Significa contar con una red diversificada de proveedores y mercados, y ser un socio fiable para quienes comparten nuestra visión y nuestros valores. Así pues, allí donde algunos dan marcha atrás, Europa redobla su apuesta. El Grupo Banco Europeo de Inversiones destina alrededor del 10 % de su financiación anual a construir estas redes de socios en todo el mundo, fuera de la UE.

    Estamos tratando de asegurar los insumos de los que dependen estas tecnologías de frontera, respaldando proyectos de materias primas fundamentales en fases incipientes, como el grafito y el litio en Tanzania y Namibia, para diversificar las cadenas de suministro que alimentan nuestras industrias. También estamos consolidando alianzas de confianza con economías afines, desde Canadá y Australia hasta nuestros socios de toda América Latina. La semana pasada estuve en México, tras la cumbre de alto nivel celebrada la semana anterior, donde demostré que actuamos con arreglo a nuestras convicciones, financiando proyectos concretos. En resumen, mantuvimos una reunión muy fructífera. Contamos con una alianza muy importante con México y los países de América Latina, así como, por supuesto, con nuestros socios de la región indopacífica. El año que viene, el Grupo Banco Europeo de Inversiones presidirá el grupo de los bancos multilaterales de desarrollo, porque apoyar un orden multilateral basado en normas es, en sí mismo, una forma de seguridad.

    Permítanme concluir con esta idea. La apertura es seguridad. La diversificación es seguridad. Las alianzas son seguridad. Una economía que atrae talento y lo retiene, que financia a sus innovadores y comercia en condiciones justas y amistosas es una economía segura. Robert Schuman dijo —y esta cita se repite muchísimo, pero es absolutamente cierta— que Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto. Veo esta cita cada día cuando cruzo caminando el puente hacia el Banco Europeo de Inversiones en Luxemburgo, y realmente nos sigue inspirando hoy.

    Europa no se hará de una vez ni en una obra de conjunto, sino mediante hechos concretos. Y lo mismo ocurre con la seguridad económica. Se construye con cada logro, con cada proyecto. Una empresa cuántica que recibe financiación. Una scaleup que se queda en Europa. Un parque eólico que se conecta a nuestras redes. Una alianza que se firma. Una innovación en inteligencia artificial diseñada y fabricada en Europa. Eso es lo que cuenta para esta apuesta a largo plazo. No recompensa solo al jugador que más ruido hace, sino también al más paciente y al más comprometido. Y, francamente, si tengo que elegir, apuesto por Europa.

    Permítanme concluir con esta idea positiva. Que tengan unos debates muy fructíferos. Muchas gracias.