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Intervención de Nadia Calviño, presidenta del Grupo Banco Europeo de Inversiones (Grupo BEI), en la conferencia anual de Euronext en París, que reunió a casi 1 000 ejecutivos, asesores e inversores para analizar el panorama macroeconómico y del mercado en 2026.


Euronext

Es un gran placer estar hoy aquí con todos ustedes en este lugar tan bonito, en el corazón de los Campos Elíseos, que además es un símbolo de luz y paz. Y necesitamos un poco de paz y de luz en el mundo en el que vivimos estos días.

Permítanme comenzar con un mensaje positivo, un rayo de luz: mi más sincera enhorabuena a todos los que acaban de recibir estos premios en la sesión anterior de la conferencia. Me complace especialmente comprobar que muchos de ellos fueron financiados por el Grupo Banco Europeo de Inversiones —o que son socios del Grupo BEI—, lo que demuestra que estamos donde tenemos que estar y que estamos marcando la diferencia. En mi opinión, también demuestra que su éxito es el éxito de Europa, y que en Europa contamos con talento, con un potencial extraordinario que solo necesita escala y rapidez para adquirir una posición de liderazgo en el mundo.

El tema de la conferencia de este año (reforzar los mercados de capitales europeos) es sumamente oportuno, al igual que lo fueron los discursos de ayer de la Comisión Europea, de los ministros y del presidente del Eurogrupo. Creo que han transmitido un mensaje muy claro: estamos concentrados en la tarea, las cosas avanzan y hay un ímpetu creciente. Mañana, la Comisión Europea presentará su propuesta para el 28.º régimen («EU Inc.»). Esta propuesta europea puede suponer un auténtico punto de inflexión si se adopta con rapidez y conserva la audacia y la ambición que espero, de modo que podamos empezar a construir un marco reglamentario único para empresas e inversores en Europa y así superar la fragmentación del mercado interno.

La semana pasada, los seis Estados miembros más grandes de la UE, representados por sus ministros de Economía y Finanzas, remitieron una importante carta en la que expresaban su firme determinación por avanzar y adoptar cuanto antes una serie de iniciativas legislativas para construir este mercado único de capitales en Europa. Desde una supervisión centralizada hasta otras áreas de interconexión de los distintos mercados de capitales y valores, estas iniciativas llevan mucho tiempo —años— sobre la mesa y quizás ahora lleguen a materializarse.

Porque ha llegado el momento de avanzar.

Se trata, en mi opinión, de un llamamiento unánime por parte del mercado, de las instituciones y de los ciudadanos. No les sorprenderá oírme decir que, en todo esto, el Banco Europeo de Inversiones está en una posición ideal para marcar la diferencia. Paneuropeo por definición, el Grupo BEI tiene proyectos en todos y cada uno de los rincones de la Unión Europea y en 160 países de todo el mundo. Con un balance de 600 000 millones de euros y una robusta calificación crediticia AAA, alcanzamos una financiación total de 100 000 millones de euros el año pasado —volumen que prevemos mantener en 2026—. Nuestros accionistas son los 27 Estados miembros, ni más ni menos.

Y esto es sumamente relevante en el contexto actual. El BEI dispone de una cartera muy diversificada que le permite financiar grandes infraestructuras a través de préstamos a largo plazo. También apoya a empresas emergentes (startups) y en fase de expansión (scaleups) innovadoras de alto riesgo con distintos instrumentos financieros, y aprovecha las garantías del presupuesto europeo para movilizar inversión privada a gran escala. Se trata de una función sin igual en el mercado, como refleja la cuota de mercado del 30 % del BEI en venture debt en Europa en 2025. Por su parte, el Fondo Europeo de Inversiones movilizó alrededor del 25 % del capital riesgo en Europa. Todo ello confiere al Grupo BEI una posición única para apoyar las prioridades de Europa en estos momentos.

Mientras que muchas de estas iniciativas, que proceden de las autoridades legislativas (enfoque descendente), tratan de crear este marco reglamentario único, este mercado único en Europa, desde el BEI estamos impulsando iniciativas desde la base (enfoque ascendente) para crear y ampliar instrumentos que funcionan, a fin de movilizar la inversión privada a mayor escala.

Permítanme compartir con ustedes tres reflexiones para complementar las excelentes intervenciones e ideas que ya se han expuesto a lo largo de la conferencia.

La primera es que los cambios actuales en el panorama geopolítico ofrecen a Europa la oportunidad de consolidar su posición como faro de prosperidad y seguridad. De esto se habló ayer también. ¿Por qué decimos que el momento es ahora? Porque, a pesar de los conflictos, la incertidumbre y los numerosos retos que ponen a prueba —o atacan abiertamente— las fortalezas en las que reposa el rotundo éxito de la Unión Europea en los últimos 80 años, también hay buenas oportunidades.

Y Europa se alza como faro de estabilidad, de unos valores que son más valiosos que nunca, si se me permite la repetición. Lo digo una y otra vez, porque es muy importante que nosotros mismos nos lo creamos.

Europa es una superpotencia mundial con una economía de 19 billones de euros, un vasto mercado único y casi 500 millones de personas —y a las puertas de una nueva ampliación—. Es una potencia manufacturera, comercial y tecnológica, y alberga universidades y centros de investigación de primera línea. Posee además un dinámico ecosistema de startups y fondos de inversión. Europa es un centro de excelencia en tecnologías clave, como la computación cuántica y de alto rendimiento; la salud; la biotecnología; la fabricación avanzada; la robótica industrial; las tecnologías limpias, y la industria aeroespacial. Las empresas europeas han demostrado reiteradamente su resiliencia, incluso tras perturbaciones sin precedentes, y siguen invirtiendo e innovando.

El ejemplo más reciente es del año pasado. La Encuesta del BEI sobre Inversión, en la que participaron 13 000 empresas de la UE y de Estados Unidos, muestra que las empresas europeas han afrontado el impacto de los aranceles mejor que sus homólogas estadounidenses. Las empresas europeas han adaptado sus cadenas de suministro. Han buscado otros mercados. Se han beneficiado de los 76 acuerdos comerciales y de inversión de los que dispone la Unión Europea en todo el mundo. Por su parte, las empresas estadounidenses han registrado más perturbaciones en su propio funcionamiento.

Igualmente importante, Europa está consolidándose como un santuario para la investigación y la ciencia, pero también como un foco de estabilidad, Estado de derecho y respeto. En este mundo cada vez más «transaccional» —una de las palabras de moda en la actualidad—, lo que más importa son las alianzas. Y como decía hace un momento, la confianza es un activo muy valioso que Europa puede ofrecer.

Esto me lleva a mi segundo punto, que repite una idea que se escuchó mucho ayer: la importancia de la escala y la rapidez para aprovechar estas oportunidades y capitalizar estas tendencias. Este es el mensaje que nos trasladan los líderes empresariales. Esta misma mañana celebramos una mesa redonda con inversores, y ese fue precisamente el mensaje clave que nos hicieron llegar. Sí, tenemos muchas fortalezas. Sí, estamos haciendo lo correcto. Ahora debemos ampliar la escala y actuar con rapidez. Y en este sentido, el Banco Europeo de Inversiones está tratando de aprovechar este capital para alcanzar esa escala y esa rapidez.

No es la primera vez que lo hacemos. Recordemos, por ejemplo, los bonos verdes. El Banco Europeo de Inversiones fue pionero en la creación de los bonos verdes en 2007 y ha desempeñado un papel fundamental en el desarrollo de este mercado, muy pujante en la actualidad. Por cierto, nuestras emisiones de bonos verdes siguen registrando una demanda muy superior a la oferta, lo que demuestra el interés por esta clase de activo en el mercado.

Un segundo ejemplo es la titulización. El Banco Europeo de Inversiones colabora estrechamente con los bancos comerciales. Contamos con una red sin parangón en toda Europa y, en 2025, firmamos un número récord de operaciones de titulización. El año pasado, las operaciones con los bancos comerciales sumaron 35 000 millones de euros, que se utilizaron para canalizar financiación intermediada, en particular a pequeñas y medianas empresas.

Y las operaciones de titulización ascendieron a 6 000 millones de euros el año pasado. Ya he mencionado el importante papel que desempeña el Grupo BEI en el mercado de capital riesgo. Permítanme añadir que la iniciativa European Tech Champions, que pusimos en marcha hace un par de años con la participación de seis Estados miembros y capital del Banco Europeo de Inversiones, ya ha facilitado la creación de 14 megafondos de inversión con más de 1 000 millones de euros de capital, incluidos 11 unicornios, en Europa.

La dotación del Mecanismo de Capital para la Defensa, que también lanzamos hace un año, ya se ha asignado íntegramente. Estos son dos de los proyectos de éxito que vamos a ampliar en el futuro. Eso es exactamente en lo que estamos trabajando ahora mismo. ¿Cómo podemos ampliar estos instrumentos de éxito? ¿Cómo podemos lanzar nuevos instrumentos para movilizar 340 000 millones de euros en los próximos tres años, en el período 2026-2028, y así lograr que las exitosas startups europeas crezcan y prosperen aquí, en Europa?

Esta aportación a la Unión de Ahorros e Inversiones, que pude compartir la semana pasada con los ministros de Economía y Finanzas, nos permitirá, en mi opinión, colaborar también con otros actores muy importantes en Europa y ampliar así los productos de capital riesgo, venture debt, deuda para scaleups, el programa de compra de bonos verdes, las garantías y las titulizaciones. Hasta ahora, todos los inversores con los que estamos hablando nos confirman que este es el camino correcto. Debemos ampliar y apostar por lo que funciona. Debemos explorar nuevos instrumentos e intentar movilizar el sector privado todo lo que podamos.

Por este motivo, en la segunda generación de esta iniciativa European Tech Champions, buscamos modalidades de participación más flexibles. Existen tres formas diferentes de participar. Hablábamos de ello esta mañana con compañías de seguros y fondos de pensiones.

En primer lugar, se puede participar directamente en el fondo de fondos, junto con los Gobiernos europeos.

En segundo lugar, se puede participar directamente en los fondos de capital riesgo subyacentes en los que invertimos o en las empresas subyacentes. Y en tercer lugar, estamos analizando la viabilidad de un instrumento de renta fija para invertir en la iniciativa European Tech Champions. En todas estas opciones, los inversores se beneficiarán de los conocimientos y de los buenos resultados del Fondo Europeo de Inversiones acumulados hasta hoy. Trataremos así de ampliar esas inversiones. Ampliaremos también nuestro Mecanismo de Capital para la Defensa.

La fase piloto tuvo un éxito rotundo. Asignamos íntegramente los 175 millones de euros antes de lo previsto. Ahora prevemos captar 1 000 millones de euros para la siguiente fase. Contamos con una cartera muy sólida de fondos de inversión especializados en el ámbito de la seguridad y la defensa.

Además de ampliar los instrumentos existentes, vamos a explorar y lanzar otros nuevos. En concreto, estamos desarrollando un conjunto de herramientas de salida para que los inversores de capital riesgo puedan salir de estas inversiones. Se nos señala una y otra vez que la liquidez es uno de los principales obstáculos para la entrada de inversores. Por eso estamos evaluando varias opciones: instrumentos convertibles, financiación de adquisiciones y apoyo específico para facilitar la salida a bolsa en los mercados europeos.

Sé que este asunto es muy importante para los participantes en esta conferencia. Ya hemos trabajado con Euronext para ayudar a las empresas europeas —también en ámbitos críticos como la defensa o el sector aeroespacial— a prepararse para sus salidas a bolsa. Y ahora estamos complementando nuestros acuerdos de venture debt con pioneros europeos con servicios de asesoramiento para ayudarles a cotizar en los mercados europeos. Pronto anunciaremos un acuerdo con una empresa biotecnológica sueca que desarrolla tratamientos innovadores contra el cáncer, precisamente para seguir respaldando los mercados de capitales europeos.

Una de las principales ideas que se compartieron ayer —y que nos trasladan también las startups y scaleups de rápido crecimiento— es la importancia de unos mercados de capitales y de valores interconectados. Estoy convencida de que la creación de unos mercados bursátiles europeos para empresas altamente innovadoras sería un auténtico punto de inflexión para estas compañías de rápido crecimiento que necesitan captar miles de millones de euros de nueva financiación en los próximos años. Y existe un pujante ecosistema de empresas que acudirán a nosotros en busca de esos profundos y amplios mercados de capitales.

El último ámbito que estamos explorando es una gestión más activa de nuestra cartera de activos, mediante ventas secundarias de participaciones de capital. Ya he mencionado una posible emisión de bonos o instrumentos de renta fija en el marco de la iniciativa European Tech Champions. Evaluaremos la posibilidad de ir aún más lejos, de modo que el Banco Europeo de Inversiones pueda facilitar esa movilización de inversores, hasta ahora ausente, en el ecosistema de capital riesgo.

Así que, desde la perspectiva del BEI: escala y rapidez. Estamos actuando con bastante rapidez y determinación, escuchando atentamente y respondiendo a las demandas del mercado para hacer frente a los cambios sísmicos que observamos a nuestro alrededor en el mundo. Me tranquiliza mucho comprobar que los ministros de Economía y Finanzas europeos están enviando un mensaje muy contundente y un mandato firme que todos deberíamos implementar cuanto antes. Eso me infunde confianza.

Ayer escuchamos una llamada a la acción. Stéphane, fuiste muy convincente y muy contundente en esa llamada a la acción. Estoy segura de que se han hecho muchos llamamientos esta semana y de que se harán también hoy en esta sesión. Y creo que eso es exactamente lo que necesitamos. No tantas llamadas a la acción, sino acción real. Y eso es lo que está haciendo el BEI. Porque —y permítanme concluir con esta idea— la plena integración de los mercados europeos y el mantenimiento de un liderazgo puntero en las tecnologías que configurarán el mundo del mañana son dos pilares clave de la soberanía de Europa.

También los es aumentar el apoyo a la industria de seguridad y defensa, un ámbito en el que el Banco Europeo de Inversiones adoptó una decisión crucial en 2025 y al que destinó el 5 % de nuestra financiación dentro de la UE, nuestro objetivo para este sector. Estos son los tres ámbitos clave en los que debemos aunar fuerzas, estar lo más unidos posible y marcar la diferencia.

Esto no solo es importante desde el punto de vista de la competitividad, el rendimiento económico y la prosperidad. Es fundamental para que Europa tenga una voz fuerte en la configuración del nuevo orden mundial, que se está produciendo mientras hablamos. Necesitamos una voz potente que esté a la altura de nuestra posición como superpotencia comercial, tecnológica y económica.

Y esa voz firme también será clave para defender nuestra paz, nuestra seguridad y nuestros valores democráticos. Porque, a fin de cuentas, estamos en una lucha por defender esos valores democráticos que, estoy segura, todos compartimos en esta sala. Mi mensaje principal al respecto es que me alegra mucho comprobar que, en todos los encuentros y actos en los que participo, constato una fuerte unidad y determinación para avanzar en esa dirección.

Y siempre concluyo este tipo de eventos con un mensaje claro: pueden contar con el BEI, el brazo financiero de la Unión Europea. Actuamos con arreglo a nuestras convicciones y, ahora mismo, apostamos por los valores europeos.

Muchas gracias.