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Intervención de Nadia Calviño, presidenta del Grupo Banco Europeo de Inversiones (Grupo BEI), en la Cumbre Bancaria Europea en Bruselas, el 28 de enero de 2026.

©Liam McEvoy/ EIB

Señoras y señores, muy buenas tardes.

Gracias, Wim, por tus amables palabras y por invitarme a compartir algunas reflexiones sobre el tema central de esta cumbre: cómo los bancos europeos pueden apoyar el crecimiento, la innovación y la seguridad.

Son tres los motivos por los que me siento muy cómoda hablando de este tema.

En primer lugar, porque estos objetivos ocupan un lugar central en la estrategia de inversión del Grupo BEI, una estrategia adoptada por unanimidad por nuestros accionistas, los 27 Gobiernos de la Unión Europea.

Con una calificación AAA, un balance de 600 000 millones de euros, una sólida rentabilidad y una robusta posición de capital, el Grupo BEI es una de las instituciones financieras multilaterales más grandes del mundo y uno de los pilares en los que reposa el proyecto europeo.

Paneuropeo por definición, el Grupo BEI tiene proyectos en todos y cada uno de los rincones de nuestra Unión y en 160 países alrededor del mundo. Cuenta con una cartera diversificada que permite inversiones a gran escala, la asunción de riesgos en iniciativas innovadoras y la movilización de financiación privada. Por todo ello, el Grupo BEI es un motor clave para alcanzar estos objetivos.

Esto me lleva al segundo motivo por el que creo que este es un buen momento y un buen lugar para abordar este asunto: mañana por la mañana, el Grupo BEI presentará sus resultados de 2025 aquí, en Bruselas.

Así que tengo algunas cifras, recién salidas del horno, que nos permiten afirmar que 2025 ha sido un año histórico para el Grupo Banco Europeo de Inversiones:

  • Firmamos una cifra récord de nueva financiación de 100 000 millones de euros, un volumen muy elevado que se mantendrá en 2026.
  • Marcamos máximos históricos en ámbitos clave, como redes energéticas, vivienda y agua, así como en proyectos innovadores, por ejemplo, nuevas tecnologías, tecnologías disruptivas, para apoyar el liderazgo tecnológico de Europa.
  • Otra novedad: modificamos nuestras políticas para empezar a invertir en proyectos puramente de defensa en Europa, respondiendo así al nuevo panorama geopolítico. Multiplicamos por cuatro el volumen de financiación para la industria europea de seguridad y defensa, y superamos nuestros propios objetivos, alcanzando ya el año pasado el objetivo del 5 % de la financiación total dentro de la UE.

Para cada uno de estos logros, el Grupo BEI trabajó en estrecha colaboración con los bancos comerciales europeos, con los fondos de inversión y con el sector privado, con muchas de las instituciones presentes en esta sala.

De hecho, el compromiso total del Grupo BEI con el sector financiero europeo, que está aquí representado, ascendió a alrededor de 35 000 millones de euros el año pasado.

El Grupo BEI proporcionó financiación, contribuyó a reducir las exigencias de capital y, con ello, mejoró las condiciones de financiación para sus clientes, especialmente para las pequeñas y medianas empresas (pymes).

También proporcionó garantías y contragarantías con el fin de reducir el riesgo de las inversiones para las industrias estratégicas y los innovadores de Europa.

Nuestros banqueros firmaron una cifra récord de 6 000 millones de euros en acuerdos de titulización,

y trabajaron en estrecha colaboración con el sector privado en coinversiones y productos de capital.

Cuando trabajamos codo con codo, maximizamos el impacto, canalizamos el ahorro hacia inversiones productivas y reforzamos la posición de Europa como destino atractivo para el capital.

Y esas sinergias son hoy más importantes que nunca, en un momento en el que el orden mundial entra en una nueva fase.

Cuando la idea de «todo a la vez en todas partes» está cambiando, la unidad y la colaboración son la clave para que Europa siga siendo un faro de confianza para el resto del mundo. Y para quienes estuvieron en Davos la semana pasada, estoy segura de que escucharon este mensaje una y otra vez en los distintos actos en los que participaron.

Transición hacia el futuro

Permítanme presentarles algunos ejemplos de cómo el Grupo BEI y los bancos europeos están invirtiendo juntos con un objetivo claro: construir una Europa más fuerte en un mundo más seguro.

Casi el 60 % de la financiación total se destinó a proyectos verdes en 2025. Esto no solo es lo correcto para nuestro planeta, es también lo más inteligente para impulsar el crecimiento y la competitividad, porque lleva energía limpia y asequible a empresas y hogares y reduce la dependencia de Europa de las importaciones de combustibles fósiles.

En colaboración con entidades de crédito de toda Europa, el BEI duplicó su financiación para inversiones en eficiencia energética de las pymes, a través de una iniciativa emblemática que puso en marcha con la Comisión Europea para aportar 17 500 millones de euros, canalizados a través de bancos comerciales, y así reducir la factura energética de más de 350 000 pequeñas y medianas empresas de aquí a 2027.

Cabe resaltar también que las inversiones verdes respaldan sectores en los que Europa es líder mundial.

Puede que la retórica política cambie, pero los argumentos económicos son claros: la revolución energética está en pleno apogeo y Europa puede aprovechar su posición como potencia manufacturera para mantener su liderazgo tecnológico.

El Grupo BEI invierte en todo el espectro de tecnologías hipocarbónicas para ayudar a que Europa conserve esta ventaja: desde nuevos combustibles hasta sistemas de almacenamiento de energía, pasando por extracción de litio, energía geotérmica, producción nuclear y descarbonización de la industria pesada, electrolizadores, bombas de calor e infraestructuras para vehículos eléctricos. En nuestra cartera contamos con inversiones, algunas de ellas de alto riesgo, en estos ámbitos, en estas tecnologías del futuro.

Además de conceder un volumen récord de préstamos directos para proyectos de energías limpias, el Grupo BEI une fuerzas con bancos comerciales aportando contragarantías para respaldar toda la cadena de suministro de los sectores de fabricación eólica y de redes.

Entre los ejemplos recientes figuran un acuerdo con Erste Bank en Austria para impulsar la financiación comercial del sector europeo de energía eólica, y una garantía ofrecida a Commerzbank para desbloquear más financiación para proyectos locales, como la modernización y expansión de las redes de distribución eléctrica, la calefacción urbana y las redes de agua y aguas residuales. Este fue un acuerdo pionero, el primero de este tipo, que esperamos replicar en otras partes de Europa.

Esta estrategia de inversión está dando sus frutos:

Casi un tercio del crecimiento anual del producto interior bruto (PIB) de la UE procede ahora de la fabricación, el despliegue y la venta de estas tecnologías limpias.

  • Las acciones europeas de energías renovables se han disparado más de un 60 % en el último año.
  • Y los resultados anuales que publicaron hace unos días algunos de los mayores fabricantes de automóviles europeos —como Renault y Volkswagen— muestran un aumento anual de más del 60 %-70 % de las ventas de coches puramente eléctricos en Europa.
  • En el Grupo BEI, observamos estas positivas perspectivas para la inversión verde en la sólida demanda de bonos verdes, un producto que lanzamos de forma pionera en los mercados de capitales mundiales y que se ha convertido en una clase de activo por sí misma, valorada en varios billones de euros y en la que los emisores europeos llevan la delantera. Nuestra última emisión de referencia obtuvo suscripciones por diez veces su valor, con un volumen de pedidos récord. En estos tiempos de gran volatilidad, los bonos verdes representan un activo europeo seguro para los inversores, un mercado cada vez más profundo y líquido de valores de máxima calidad bajo la bandera europea, lo que refuerza el atractivo del euro y de Europa como puerto seguro.

Fomentar el desarrollo de unicornios

Más allá de las tecnologías verdes…

Estaba pensando en eso mientras escuchaba a los ponentes de la mesa anterior, y estoy segura de que esa es también la actitud reinante en muchos de los intercambios que están manteniendo. Muchas personas siguen diciendo cosas como «no podemos», «no seremos capaces» o «llevará cinco o diez veces más de lo previsto».

Me recuerda mucho al principio de la pandemia, cuando, como bien saben, era vicepresidenta del Gobierno de España. Los expertos científicos nos decían: «Es imposible tener una vacuna antes de cuatro o cinco años». Pero en diciembre de 2020 ya estábamos vacunando aquí en Europa, porque trabajamos juntos, el sector público y el privado, e invertimos cantidades ingentes de dinero. Y lo conseguimos. De hecho, BioNTech está ampliando ahora su capacidad para invertir en África, está creando instalaciones de fabricación de vacunas en África, con financiación del Banco Europeo de Inversiones, por cierto.

Hoy en día, la UE es también uno de los centros de excelencia mundiales en tecnologías cuánticas y computación de alto rendimiento; es una potencia en robótica industrial y fabricación avanzada en tecnologías aeroespaciales, biotecnología, tecnologías de la salud y dispositivos médicos, y en productos farmacéuticos avanzados.

Nuestras universidades y centros de investigación no tienen parangón, y contamos con un dinámico ecosistema de pioneros tecnológicos que están sentando las bases de la economía del mañana.

Ahora bien, Europa es también la incubadora del mundo, porque cuando esas empresas necesitan crecer, suelen irse a otros lugares en busca de financiación a gran escala y de un gran mercado interior, sin barreras para alcanzar economías de escala.

Me alegra ver que las cosas están cambiando y que Europa está respondiendo con decisión.

Por ejemplo, mediante la instauración del futuro 28.º régimen, para superar la fragmentación del mercado interior, atraer a los inversores y aportar seguridad y previsibilidad jurídicas. Las expectativas son muy altas. Al menos ese es el mensaje que transmito al comisario cada vez que me reúno con él: «Grandes expectativas: hay que ser audaces y ambiciosos», porque es posible cambiar las cosas si logramos tener un conjunto único de normas, un sistema único para empresas e inversores en toda Europa que aporte seguridad y previsibilidad jurídicas.

Apoyamos estos esfuerzos en estrecha cooperación con la Comisión Europea, aportando nuestra perspectiva como gran institución pública y financiera, que también está sujeta a regulación y por ello es muy consciente de las cargas y de la necesidad de reducir la burocracia y de simplificar.

Además de esta labor, pusimos en marcha TechEU, el mayor programa de financiación de la innovación en Europa, con el que pretendemos movilizar 250 000 millones de euros de aquí a 2027 en inversiones en inteligencia artificial, informática cuántica, tecnologías digitales, salud y biotecnología, tecnologías limpias, seguridad y defensa, competencias y talento, infraestructuras digitales y materias primas fundamentales.

Cuando colaboraba con la Comisión Europea en su iniciativa para crear gigafactorías de IA en Europa, me impresionó su determinación por cerrar las brechas existentes en materia de infraestructuras digitales y por crear esta capacidad en IA en beneficio de las empresas europeas.

TechEU es una prioridad clave en la que el Grupo BEI trabaja estrechamente con los bancos comerciales. Hemos lanzado cuatro líneas específicas para apoyar la innovación en tecnologías limpias, vivienda, biotecnología y espacio (SpaceTechEU) en colaboración con la Agencia Espacial Europea y el sector bancario, a fin de movilizar 1 400 millones de euros en nuevas inversiones para empresas espaciales europeas.

De cara al futuro, tomaremos como referente el éxito cosechado por la iniciativa European Tech Champions, gracias a la cual nuestra filial de capital riesgo, el Fondo Europeo de Inversiones (FEI), ya ha facilitado la creación de 12 megafondos de capital riesgo en Europa y la expansión de 35 empresas emergentes, incluidos 9 unicornios.

El Grupo BEI ha aprovechado su posición como el mayor proveedor de capital riesgo de Europa para liderar la creación de un ecosistema de megafondos para empresas europeas en expansión —prácticamente desde cero— en menos de tres años.

Ahora damos un paso hacia delante con la ampliación de la iniciativa European Tech Champions, con el fin de contribuir a cerrar el déficit de financiación de las empresas en expansión con respecto a Estados Unidos, en pro de una verdadera Unión de Ahorros e Inversiones más sólida.

Defensa de la democracia

Aprovechar el potencial de la innovación en tecnología limpia y otras nuevas tecnologías para asegurar nuestra prosperidad futura solo es posible en un entorno de paz y seguridad para nuestros ciudadanos y nuestras empresas.

En este sentido, Europa, el Grupo BEI, así como los bancos comerciales, los gestores de fondos y los inversores, pisamos el acelerador el año pasado.

En el caso del Grupo BEI, como he mencionado antes, esto ha supuesto un cambio radical, con una sólida cartera de proyectos en cinco áreas:

  • Grandes infraestructuras críticas, incluida la movilidad militar, por ejemplo, una base militar emblemática en la frontera de Lituania con Bielorrusia.
  • Capacidades industriales europeas, en colaboración con empresas de referencia de la industria europea de defensa, como Thales o el fabricante de drones Quantum Systems.
  • Investigación y desarrollo de nuevas tecnologías de seguridad. Hace apenas un par de semanas firmamos otro acuerdo con una empresa neerlandesa innovadora que desarrolla una tecnología pionera de sensores de fibra óptica para proteger los fondos marinos y los activos submarinos de Europa, como las redes de alta tensión.
  • En cuarto lugar, apoyamos a las pymes de la cadena de suministro de los grandes contratistas europeos de defensa, en colaboración con bancos comerciales. Ya hemos anunciado acuerdos de este tipo con Deutsche Bank, BPCE en Francia y Piraeus Bank en Grecia, y a finales de esta semana anunciaremos otro acuerdo con Santander en España.
  • Y, en quinto lugar, estamos fomentando el desarrollo de un ecosistema de capital riesgo que invierte en la seguridad y la defensa europeas, donde el FEI actúa como inversor ancla en los primeros fondos de este tipo.

Estas inversiones en defensa pueden tener indirectamente efectos positivos sobre el conjunto de la economía.

Inversión en valores

Una última palabra antes de concluir: la lucha por la prosperidad, el liderazgo tecnológico, la innovación y la seguridad de Europa es también una lucha por nuestros valores. Una batalla por lo que nos define como europeos, como las infraestructuras sociales que sustentan nuestro modo de vida, viviendas dignas, una atención sanitaria y una educación de alta calidad y un futuro para nuestros hijos.

En mi opinión, estas son las cosas que nos llenan de orgullo a todos los que estamos aquí: la igualdad de oportunidades, la cohesión social y territorial, y tener los mejores productos agrícolas y la mejor gastronomía del mundo.

Hay muchos motivos por los que nos sentimos orgullosos cuando nos movemos en este «mundo feliz» que se está gestando. Al menos yo me siento orgullosa.

Y me gustaría dar las gracias a todos los bancos europeos porque se están sumando a esta batalla, la batalla que, considero, debemos librar en este punto de la historia. Son causas por las que merece la pena luchar. Quiero agradecer a todos los bancos europeos su apoyo en esta batalla.

Conclusión: El superpoder de Europa

Estas son las causas por las que merece la pena luchar. Dejando de lado el ruido, el principal mensaje que me llevé de Davos fue que existe una gran confianza en Europa, que nuestros socios hacen un firme llamamiento para que Europa tenga una voz fuerte en la configuración de este nuevo orden mundial.

Somos pragmáticos cuando podemos, pero también firmes cuando debemos. El respaldo a Dinamarca es un ejemplo reciente. El apoyo inquebrantable a Ucrania, incluidos los 90 000 millones de euros de nueva financiación, es otro ejemplo.

Constatamos la resiliencia de las empresas, a pesar de los aranceles y la incertidumbre geopolítica. Siguen invirtiendo y se han adaptado a las perturbaciones arancelarias. Las perspectivas están mejorando, y los esfuerzos de integración de nuestros mercados de capitales están cobrando impulso. De hecho, 2026 será un año clave para avanzar en ese ámbito.

La moneda y las acciones europeas rindieron mejor que las de Estados Unidos el año pasado, recompensando así a los inversores que decidieron asignar su capital a nuestra economía. Los valores bancarios europeos se han disparado, creo, cerca de un 60 % en el último año, por no hablar de las acciones del sector de la seguridad y la defensa, cuyo valor se triplicó, por razones obvias.

Más allá de los mercados financieros, las encuestas de opinión muestran un apoyo sin precedentes a la UE y al euro.

Nuestros socios —desde el Mercosur hasta Ucrania, pasando por los Balcanes— confían en nosotros. Porque saben que, en un mundo de muros, construimos puentes.

Tenemos motivos de sobra para creer en nosotros, porque Europa es y seguirá siendo una superpotencia si permanecemos unidos.

Ese es probablemente el mensaje principal que quería transmitirles: la unión hace la fuerza. Es nuestro superpoder. Si nos mantenemos unidos y caminamos en la misma dirección, somos imparables. Eso es lo que nos ha enseñado la historia.

Esa es la batalla que debemos librar, en la que el Grupo BEI está decidido a desempeñar su papel, contribuyendo a un mundo más seguro, más estable y más próspero y a impulsar Europa.

Muchas gracias por la invitación y por este intercambio. Espero seguir conversando con ustedes. Gracias.