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Intervención de la presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, sobre «Invertir en un futuro compartido» en la Institución Brookings en Washington D. C. durante las Reuniones de Primavera de 2026 del Grupo Banco Mundial y el FMI.


EIB/IMF/WBG

Muchas gracias por acompañarnos esta tarde. Muchas gracias a la Institución Brookings por organizar este debate y, en general, por ofrecer un espacio, un foro en el que podamos debatir, dialogar, intercambiar puntos de vista e intentar construir un futuro mejor, más sólido y más pacífico para todos. Es un verdadero placer dar comienzo a una semana de intensas reuniones con este intercambio con el público.

Nos reunimos en un momento en el que es evidente que se está produciendo un movimiento de las placas tectónicas sobre las que se ha apoyado el orden mundial durante los últimos 80 años. Y se trata de un movimiento sumamente profundo y rápido, que genera conflictos en algunas áreas y vacíos en otras. La escalada del conflicto en Oriente Próximo, las tensiones geopolíticas y la incertidumbre económica son realidades que frenan el mundo, que lo marcan, y con las que nos despertamos cada día. En momentos como este es más importante que nunca que diseñemos y que la gente vea que existe un camino alternativo.

Y este es el primer mensaje que me gustaría compartir con todos ustedes hoy: existe un camino alternativo. Un camino que se aleja del conflicto y que se basa en la cooperación, en lugar de en la confrontación. Un camino en el apostamos por la colaboración con nuestros socios, porque, juntos, podemos lograr mucho más que cada uno por separado. Y esta es, en mi opinión, la actitud que predomina esta semana en las Reuniones de Primavera.

Sé que antes, en este mismo atril, estuvo Alexander Stubb, el presidente de Finlandia y también el exvicepresidente del Banco Europeo de Inversiones, institución que tengo el honor de presidir en este momento. Y estoy segura de que transmitió el mismo mensaje. Tenemos que basar este nuevo orden mundial en la cooperación y en el respeto. Tenemos que trabajar juntos y avanzar en la dirección correcta.

También percibo a nuestro alrededor una actitud de determinación. Determinación para aunar fuerzas, con todos los bancos multilaterales de desarrollo operando de manera coordinada determinación para tender puentes, para encontrar maneras de hablar los unos con los otros de manera respetuosa y constructiva. Estas reuniones del Fondo Monetario Internacional y del Grupo Banco Mundial son una gran oportunidad para fortalecer la forma en la que trabajamos juntos para contribuir a una red de seguridad global. Uniendo nuestras fuerzas, trabajando de manera coordinada y a gran escala, podemos ofrecer estabilidad financiera y resiliencia allí donde más se necesitan. Esto no es una mera aspiración, sino algo que ya está sucediendo.

En los últimos años, hemos mejorado las sinergias y la coordinación entre las instituciones multilaterales para ser más eficientes y así generar un impacto positivo sobre el terreno en todo el mundo. Hemos escuchado las peticiones de reforma, otro tema que sin duda se debatirá ampliamente esta semana aquí, en Washington. Y cada vez más, estamos alineando nuestras estrategias, compartiendo riesgos, basándonos en las normas y los sistemas de contratación pública de los demás y movilizando capital privado a gran escala.

Esta cooperación ya nos está permitiendo avanzar con mayor rapidez, reducir la duplicación, eliminar solapamientos y maximizar el impacto positivo para nuestros países socios. De hecho, esta mañana me he reunido con Ajay Banga para hablar sobre estos temas. También he mantenido una reunión con Kristalina Georgieva y hemos analizado estas cuestiones. ¿Cómo podemos ser más eficaces? ¿Cómo podemos mejorar nuestra colaboración y operar de manera coordinada? Al final de la semana, el viernes, celebraremos una reunión con todas las demás instituciones multilaterales de desarrollo para ver cómo podemos avanzar y pasar a la siguiente etapa.

Una idea clave que me gustaría transmitirles es la de forjar alianzas sólidas para diseñar este camino más positivo para el mundo.

Para ilustrar esta cooperación, el Banco Europeo de Inversiones firmará esta semana varios acuerdos relacionados con el agua, por ejemplo, a través de nuestra adhesión a la iniciativa Water Forward, con el compromiso del BEI de proporcionar seguridad hídrica a 300 millones de personas. Este compromiso contribuirá de forma decisiva al objetivo general de llegar a 1 000 millones de personas de aquí a 2030.

La salud mundial también es una prioridad principal para el BEI. Apoyamos infraestructuras sanitarias, el sector de las ciencias de la vida y la producción de vacunas en todo el mundo. De hecho, esta semana, junto con nuestros socios, firmaremos un contrato de financiación para un proyecto pionero en el sector: el primer centro de fabricación integral de vacunas múltiples en Sudáfrica. Y esto se suma a otros acuerdos anteriores para financiar instalaciones de producción de vacunas en Senegal, Ghana y Ruanda.

Ese es un modelo de cooperación. Lo estamos haciendo junto con el Grupo Banco Mundial. También trabajamos con el sector privado, con la Alianza para las Vacunas y con la Organización Mundial de la Salud para marcar la diferencia en el ámbito de la salud mundial.

Quería mencionar y compartir este ejemplo simplemente para mostrar que pasamos de las palabras a los hechos. Predicamos con el ejemplo. Esta semana, aquí en Washington, vamos a firmar acuerdos que reflejan el importante papel de las instituciones multilaterales para apoyar el crecimiento y la prosperidad en todo el mundo.

Esto me lleva a mi segundo mensaje: la cooperación debe traducirse en un impacto sistémico a gran escala, porque la cooperación es una palabra que suena bien, pero solo es importante si tiene un efecto rápido y a gran escala. En este mundo en rápida evolución, necesitamos sistemas que funcionen de forma eficiente. Y eso requiere algo más que recursos públicos.

Por eso, otro de los asuntos que debatiremos —no solo esta semana, sino en los próximos meses— es cómo movilizar el capital privado, para que el sector privado también contribuya a estos objetivos compartidos, a estos bienes públicos comunes que configurarán el mundo de mañana.

Y eso implica dinero, pero también datos e información.

Hoy, en mi reunión con Ajay Banga, también hemos subrayado la importancia de la base de datos sobre riesgos de los mercados emergentes (GEMs), que integra datos de los últimos 40 años de todas las instituciones multilaterales, y también de algunas instituciones financieras nacionales de desarrollo, y aporta una enorme cantidad de información, lo que a su vez resulta muy valioso para las agencias de calificación y para los inversores privados. Lo que se desprende de esta base de datos es especialmente revelador: las tasas de impago en los mercados emergentes son comparables a las de las economías avanzadas, y las tasas de recuperación son a menudo más elevadas. Se trata de un mensaje muy importante para movilizar el sector privado, movilizar la inversión privada y fomentar el desarrollo y el progreso en todo el mundo.

Somos un orgulloso miembro de la familia de bancos multilaterales de desarrollo, y consideramos que nuestra contribución no se basa únicamente en la financiación y cofinanciación de proyectos individuales, sino también en los activos y la información que podemos compartir en todo el mundo para movilizar la inversión privada.

El año que viene, el Grupo Banco Europeo de Inversiones presidirá esta familia de instituciones multilaterales de desarrollo, y es una responsabilidad que nos tomamos muy en serio, especialmente en el actual contexto geopolítico.

Esta semana debatiremos cuáles van a ser nuestras prioridades. La movilización del sector privado será, sin duda, una de ellas; otra será el agua y la sostenibilidad; y en tercer lugar, la salud mundial y el capital humano. Hoy mismo con Kristalina comentábamos la importancia de la inteligencia artificial, de su impacto en nuestras economías y en nuestras sociedades y, por supuesto, de las materias primas fundamentales, un asunto incipiente y también muy relevante para la autonomía estratégica de nuestras economías.

Esto me lleva a mi tercer y último mensaje: el poder de los valores. Podríamos decir que el Banco Europeo de Inversiones ocupa una posición única en el mundo actual. Nuestros accionistas son los 27 Estados miembros de la Unión Europea, ni más ni menos.

Y han respaldado de forma unánime nuestra orientación estratégica —lo comentábamos hace un momento— para nuestras operaciones dentro de la UE, pero también para nuestra actividad en el resto del mundo, para nuestras operaciones globales, que representan en torno al 10 % de nuestro volumen anual de financiación (un total de 100 000 millones de euros el año pasado).

Por tanto, nuestras actividades fuera de la UE se ajustan plenamente al objetivo de crear alianzas en las que todos ganan y fomentar el desarrollo y la prosperidad. También están alineadas con las prioridades europeas y con los valores europeos, de modo que actuamos conforme a nuestras convicciones y cada proyecto que financiamos respalda y confirma este compromiso. Cada escuela que se reconstruye en Ucrania; cada niña a la que se vacuna contra el cáncer de cuello uterino en Angola; cada mujer a la que se ofrece acceso a anticonceptivos para que, en definitiva, pueda tomar las riendas de su vida en cualquier parte del mundo; cada gota de agua limpia en Bangladés, Gambia o Jordania; cada línea de metro financiada por el Banco Europeo de Inversiones en Vietnam o en la India; los proyectos de energía limpia en Egipto o en Centroamérica; los préstamos que ayudan a agricultores en Costa de Marfil o Sierra Leona; o la conexión de regiones remotas en Camerún. Sentimos que todos y cada uno de nuestros proyectos respaldan la prosperidad y reflejan los valores europeos, nuestros valores compartidos.

A través de este tipo de proyectos, estamos realizando una contribución concreta a la paz, al crecimiento y a la estabilidad y la seguridad mundial. Sé que dentro de un momento tendremos un intercambio con ustedes y también con el público, que seguro será muy intenso e interesante, pero me gustaría concluir esta introducción formulando y subrayando el compromiso público del Banco Europeo de Inversiones, el brazo financiero de la Unión Europea.

Estamos firmemente decididos a seguir creando alianzas en las que todas las partes ganan. Quiero insistir en esta idea: alianzas en las que ganamos todos, en las que no es necesario que una parte pierda para que otra parte gane. Alianzas basadas en el respeto mutuo, en la democracia, en la paz. Esto no es solo lo correcto, sino también lo más inteligente. Porque invertir en un comercio abierto basado en normas y en el crecimiento; garantizar que esa prosperidad sea sostenible también desde el punto de vista medioambiental; asegurar que tengamos sociedades justas y estables en todo el mundo y, en particular, en la vecindad europea; garantizar que podamos diversificar las cadenas de suministro, reforzar la seguridad, proteger la salud mundial, ampliar mercados, crear empleos de calidad, etc. Todo ello significa, al fin y al cabo, invertir en nuestro futuro, lograr una prosperidad duradera y, como dice el lema de las reuniones de esta semana, también compartida.

Permítanme concluir así. Muchas gracias.