La presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño, ha participado en el acto de apertura de la edición de 2026 de las Jornadas Internacionales de Financiación Climática de Luxemburgo (Luxembourg International Climate Finance Days).
Estimado ministro Wilmes, querido Serge.
Estimado comisario Hoekstra, querido Wopke.
Querida Marie-Ange.
Tantos amigos, compañeros y socios aquí reunidos. Es un gran placer acompañarlos. Me gustaría empezar dando las gracias al Ministerio de Medio Ambiente, Clima y Biodiversidad de Luxemburgo por haber tomado la iniciativa y por haber organizado, en tan solo seis meses, según nos han dicho, este magnífico evento. Un evento que reúne a socios con el fin de convertir la ambición climática en proyectos de inversión y en un impacto real sobre el terreno.
Este evento es también, si me permiten, una oportunidad para celebrar el décimo aniversario de la Luxembourg Green Exchange, la primera plataforma del mundo dedicada íntegramente a la negociación de valores verdes y un ejemplo excepcional del liderazgo mundial de Luxemburgo en materia de financiación climática.
Nos sentimos muy orgullosos de apoyar esta iniciativa y, por supuesto, como Banco del Clima de Europa, el Grupo BEI se siente como en casa en el Gran Ducado.
Tras la exposición de Wopke, del comisario, en la que se han puesto de relieve los retos a los que nos enfrentamos y las medidas que se deberían adoptar, quería compartir con ustedes tres ideas para levantar un poco el ánimo esta tarde. La primera, que estaba implícita en sus discursos, pero que creo que merece la pena mencionarla explícitamente, es que la inversión climática no solo es lo correcto para el planeta, sino también lo más inteligente para nuestras economías. Como acaba de señalar el comisario Hoekstra, las empresas, las compañías de seguros y los inversores institucionales son cada vez más conscientes de que se trata de un riesgo real que debe incorporarse a sus balances, entre otros.
En un panorama geopolítico en rápida evolución, la acción por el clima es el principal motor de la competitividad económica, la seguridad y la prosperidad. La escalada del conflicto en Oriente Próximo nos enseña una lección inequívoca: Europa debe liberarse de su dependencia de los combustibles fósiles. Debemos redoblar los esfuerzos en el ámbito de la autonomía energética y acelerar la transición verde.
De hecho, me ha parecido que la pieza de piano que hemos escuchado hace un momento reflejaba esa necesidad de aceleración y que la transición energética está en ebullición.
Se trata de una lección que nos hemos visto obligados a aprender tras la invasión rusa de Ucrania. Y está claro —y creo que esta visión no solo la compartimos quienes estamos en esta sala, sino también nuestros socios económicos en Europa—, una transición verde exitosa es el pilar en el que reposan la soberanía y el crecimiento económico.
Hace un momento señalaba que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) ha consolidado su posición como el mayor proveedor de financiación de la transición tanto en Europa como fuera de ella. Solo el año pasado movilizamos más de 100 000 millones de euros de inversión en energías limpias en la UE. Estamos financiando aproximadamente la mitad de los proyectos de redes e interconectores que se hallan actualmente en curso, una de cada cinco plantas solares, uno de cada tres proyectos de energía eólica terrestre y la mayor parte de los proyectos eólicos marinos.
Me enorgullece enormemente que algunos de estos proyectos sigan adelante en medio de tanta perturbación en los mercados mundiales del petróleo y del gas. Si nos atenemos a los titulares de los últimos meses, no debería sorprender a nadie que la demanda de financiación del Grupo BEI en el ámbito de las energías limpias sea tan robusta este año. Todo apunta a que superaremos nuestros objetivos y que mantendremos en 2026 unos volúmenes de inversión récord.
Me gustó mucho la expresión «la financiación verde es financiación para la paz». En realidad, parafrasea una expresión que utilizamos con mucha frecuencia: cada euro financiado por el Banco Europeo de Inversiones contribuye a la seguridad de Europa. Porque cuando invertimos en eficiencia energética, en nuevos combustibles o en la descarbonización de la industria pesada, estamos invirtiendo en nuestra autonomía estratégica y en nuestra seguridad.
Mi segunda idea hace referencia a la importancia de las alianzas. Permítanme darles un ejemplo. Desde hace décadas, Luxemburgo y el Grupo BEI trabajan codo con codo para movilizar financiación climática a gran escala. Juntos lanzamos el primer bono verde en 2007. Todo un hito mundial. Un bono emitido por el BEI y cotizado en Luxemburgo.
Estos instrumentos innovadores se han convertido en una categoría de activos a título propio, movilizando billones para proyectos sostenibles en todo el mundo. También están reforzando el papel internacional del euro, dada la posición de liderazgo de los emisores europeos en este ámbito. Solo el Grupo BEI ha emitido 145 000 millones de euros en bonos verdes y de sostenibilidad, y es el mayor emisor de valores conforme al estándar de la UE sobre los bonos verdes.
Estos activos de alta calidad han cosechado un éxito rotundo entre los inversores, favoreciendo la profundización del mercado europeo de capitales. Precisamente ayer emitimos en la Bolsa de Luxemburgo un volumen de bonos verdes por valor de 5 000 millones de euros, con una demanda siete veces superior a la oferta. Quería mencionar este hecho porque, más allá de los debates políticos y del ruido, la realidad es que los mercados financieros muestran un enorme interés por la financiación verde. Las empresas siguen apostando por la transición verde, y esa es la realidad que observamos sobre el terreno.
El Grupo BEI también está intensificando sus compras de bonos verdes, posicionándose a la vez como emisor de referencia y como inversor, y liderando la integración de los mercados, como acabo de mencionar. A principios de esta semana anunciamos una inversión de 20 millones de euros en el bono verde inaugural de la empresa energética estonia Eesti Energia. Se trata de la primera inversión del BEI en un bono verde sénior en los países bálticos, lo que refuerza el compromiso del Banco con el impulso de la financiación verde y el desarrollo de los mercados públicos en la región.
Hoy puedo decirles que habrá muchas más operaciones de este tipo, que seguirán canalizando capital hacia inversiones en redes eléctricas, generación de energía y almacenamiento.
Todo esto demuestra que, cuando cooperamos, dos más dos son más que cuatro. Las alianzas dan sus frutos, la unidad da sus frutos. Luxemburgo ha sabido aprovechar esas alianzas para convertirse en el principal centro internacional de financiación sostenible.
Y quiero rendir homenaje, como ya he hecho, a la Bolsa de Luxemburgo y, en particular, a Julie Becker. Quiero también destacar, si me lo permiten, la labor de mi vicepresidente, Ambroise Fayolle, que está aquí con nosotros, por impulsar la agenda climática con tanta profesionalidad y pasión. Estoy convencida de que, sin su energía, probablemente no tendríamos una impronta tan fuerte en el ámbito de la financiación climática.
Hablando de alianzas, trabajamos muy estrechamente con la Comisión Europea y sabes, querido Wopke, comisario Hoekstra, que puedes contar con el Banco Europeo de Inversiones para forjar alianzas con países de todo el mundo.
Y esto tiene una enorme relevancia desde el punto de vista geopolítico, como todos bien sabemos. Cabe mencionar también que tenemos la firme intención de seguir impulsando esta agenda el año que viene, cuando asumamos la presidencia de la familia de bancos multilaterales de desarrollo. Esto resulta extremadamente valioso, más valioso que nunca, si tenemos en cuenta cómo están cambiando los tiempos, cómo está cambiando la narrativa, y el hecho de que muchas otras instituciones multilaterales tienen cada vez más dificultades para seguir hablando de clima y continuar impulsando esta agenda, entre otras.
Y mi última idea es que el éxito de una transición se mide por los beneficios que proporciona a los ciudadanos. Debemos tener a la sociedad de nuestra parte. La inversión climática se traduce en tarifas energéticas más bajas para las empresas y los hogares, mejores soluciones de transporte para las ciudades y las regiones y mejores condiciones de financiación para las empresas. Y, además, las tecnologías limpias y la innovación generan nuevas oportunidades de empleo de calidad y de crecimiento.
Son muy buenas noticias. De hecho, la economía verde es uno de los sectores más dinámicos del mercado de trabajo europeo, pues está creando millones de nuevos puestos de trabajo.
Y otra buena noticia es que Europa es una potencia en tecnologías limpias, como la industria eólica. Acabo de regresar de España, donde el lunes firmamos un nuevo acuerdo de financiación con Ingeteam, una empresa innovadora que desarrolla inversores solares y otras tecnologías limpias críticas, algo que resulta esencial para la seguridad de Europa. Se trata de una operación clave para la autonomía energética de Europa, porque nos permitirá reducir la dependencia de proveedores no europeos, al mismo tiempo que reforzamos la seguridad de los precios de la electricidad.
Me parece de vital importancia que unamos fuerzas, no solo para movilizar capital, sino también para comunicar estas buenas noticias y transmitir un mensaje positivo sobre el éxito de esta transición verde, que ya está en marcha.
Permítanme concluir resaltando y renovando mi plena confianza en el futuro. Porque la revolución energética ya avanza con potencia y, además, está cobrando impulso. En la UE y en todo el mundo, la inversión en transición energética alcanza cada año nuevos récords, y esto a pesar de las noticias que nos llegan a diario.
Las tecnologías limpias avanzan y ofrecen soluciones energéticas y económicas reales a un coste menor. Las empresas consideran cada vez más la resiliencia climática como una prioridad estratégica e invierten en eficiencia e innovación. Esa es la información que recibimos en el Banco Europeo de Inversiones a través de nuestra actividad, y eso es lo que observamos sobre el terreno. Puede que la retórica política cambie, pero el camino que debemos seguir y los argumentos económicos son claros.
Las acciones europeas de energías renovables subieron más de un 70 % el año pasado, lo que refleja la fortaleza de nuestras industrias. Y el Grupo Banco Europeo de Inversiones está decidido a apoyar esta historia de éxito europeo y a lograr que la transición verde sea también un éxito mundial, trabajando con nuestros socios de todo el planeta.
Me alegra ver —y la participación a este evento lo confirma— que en este camino no estamos solos. Podemos confiar en muchos amigos y socios.
Muchas gracias por la iniciativa, y les deseo unos debates muy productivos.
Gracias.