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La presidenta del Grupo BEI, Nadia Calviño inaugura oficialmente la edición de 2026 del Foro del Grupo BEI.


EIB

Su Majestad, monseñor, señoras y señores, estimados colegas:

Bienvenidos al Foro del Grupo BEI de este año.

Es un verdadero placer estar acompañada de tantos amigos, responsables políticos comprometidos, líderes empresariales, innovadores y representantes destacados de la sociedad civil en este encuentro anual en Luxemburgo.

Permítanme comenzar dando las gracias a los equipos del Grupo BEI que han organizado este gran acto. Como cada año, han trabajado con enorme dedicación y empeño para reunir a un elenco impresionante de oradores —pensadores y emprendedores—, logrando que todos ustedes se sientan como en casa y para que, durante unos días, Luxemburgo sea un punto de encuentro ineludible. Un aplauso para todos ellos.

Gracias también a los ponentes y a todos ustedes por participar en este foro, tanto aquí como en línea. En un momento en el que están acaeciendo tantas cosas en el mundo y hay tantos frentes abiertos que resolver, el hecho de que estén aquí demuestra que este encuentro se ha consolidado como una cita clave para debatir e intercambiar opiniones sobre los retos y oportunidades actuales.

Necesitamos reunirnos, dialogar y tratar de encontrar soluciones actuando de forma consensuada, con el propósito de forjar alianzas en las que todos ganan. Y ese, creo, es el principal resultado que debemos obtener esta semana. En ocasiones anteriores, hemos hablado largo y tendido de los retos, las oportunidades y el camino a seguir.

Existe un consenso unánime sobre las cuatro cosas que Europa tiene que hacer en este momento:

  • Profundizar en la integración europea, incluidos los mercados de capitales.
  • Movilizar inversiones a gran escala en infraestructuras críticas y en tecnologías y capacidades estratégicas.
  • Simplificar para que la Unión Europea sea más ágil y eficiente.
  • Y forjar más asociaciones mundiales y alianzas en las que todos ganan para diversificar nuestras cadenas de suministro y abrir nuevos mercados, pero también para crear relaciones y amistades sólidas en este «mundo feliz».

Desde nuestro último encuentro hace un año, se observa un ímpetu creciente en todos estos ámbitos. Las ideas están claras, las cosas avanzan y el Grupo Banco Europeo de Inversiones, como brazo financiero de la Unión Europea, está desempeñando un papel estratégico, un papel fundamental para obtener resultados con un impacto que los ciudadanos y las empresas perciben y que genera confianza en nuestros socios.

Para orientar los debates de los próximos días, quisiera plantear tres ideas:

El superpoder de Europa

En primer lugar, conforme el contexto geopolítico entra en una nueva fase, Europa dispone de la capacidad y de los recursos —su fortaleza financiera, diplomática y económica— para liderar y contribuir a configurar el nuevo orden mundial como un faro de estabilidad, seguridad y valores.

La fortaleza y la resiliencia de Europa son una de las principales conclusiones del Informe de Inversión anual del Grupo BEI, que presentará hoy nuestro excelente Departamento de Economía.

El informe, elaborado a partir de una encuesta a casi 13 000 empresas de la UE y de Estados Unidos, muestra que las empresas europeas han afrontado bien el impacto de los aranceles: siguen invirtiendo e innovando, diversifican sus cadenas de suministro y flujos comerciales, y sacan partido de la mayor y más dinámica red de acuerdos de libre comercio del mundo.

Estas conclusiones también se reflejan en la evolución de los mercados financieros.

En 2025, las bolsas europeas superaron a las estadounidenses y recompensaron a los inversores que confiaron en nuestra economía. Y siguen obteniendo mejores resultados que al otro lado del Atlántico en lo que va de año.

La economía se ha mantenido resiliente a pesar de las perturbaciones.

Las encuestas de opinión muestran niveles récord de apoyo público a la UE y al euro, y diversos estudios indican que la mayoría de la población mundial percibe a la Unión Europea como una gran potencia a la altura de Estados Unidos y China. A veces, otros ven las cosas con mayor claridad que nosotros mismos.

Europa es una superpotencia mundial con una economía de 19 billones de dólares, un vasto mercado único con casi 500 millones de personas y a las puertas de una nueva ampliación. En términos nominales, la economía europea es mayor que la de China; en términos de poder adquisitivo, es comparable a la de Estados Unidos.

La UE es una potencia manufacturera y exportadora y alberga universidades y centros de investigación de primera línea. Posee además un dinámico ecosistema de empresas emergentes (startups).

Igualmente importante, Europa está consolidándose como un santuario para la ciencia, la democracia y el Estado de derecho; un imán para el talento global en estos tiempos convulsos, y un ancla de confianza para nuestros socios.

El Informe de Inversión también muestra que la adopción de nuevas tecnologías por parte de las empresas europeas —incluida la inteligencia artificial— es similar a la observada al otro lado del Atlántico.

La Unión Europea es uno de los centros de excelencia mundiales en tecnologías clave, como la computación cuántica y de alto rendimiento; las tecnologías de la salud y la biotecnología, la fabricación avanzada y la robótica industrial, las tecnologías limpias y la industria aeroespacial. No hace falta explicar en este país y en este foro la relevancia de la capacidad de las empresas europeas en este sector estratégico.

Escala y rapidez

El segundo punto que deseo mencionar es que la escala y la rapidez son esenciales para aprovechar estas fortalezas.

Hace unos días estuve en Bruselas y Múnich, donde pude comprobar el extraordinario potencial de las empresas pioneras europeas en tecnologías emergentes, muchas de ellas apoyadas por el Grupo BEI, como:

Quandela, en Francia, que desarrolla computación cuántica de nivel industrial

o Isar Aerospace, en Alemania, que está creando una nueva generación de cohetes que impulsará el acceso autónomo de Europa al espacio.

Esta semana contamos en el foro con una notable representación de estas empresas pioneras.

Su mensaje es claro: necesitamos movilizar capital a gran escala para que las ideas, las tecnologías y las empresas nacidas en Europa puedan crecer y prosperar aquí, en Europa.

Esto exige un gran mercado interior sin barreras ni normativas divergentes. Y también instrumentos de financiación paneuropeos capaces de canalizar el ahorro hacia inversiones productivas.

El Grupo BEI es, en sí mismo, un instrumento de la Unión de los Mercados de Capitales:

  • Paneuropeo por definición, el Grupo BEI tiene proyectos en todos y cada uno de los rincones de nuestra Unión y en 160 países de todo el mundo.
  • Con un balance de 600 000 millones de euros, una calificación crediticia AAA y 100 000 millones de euros de financiación total el año pasado —volumen que se mantendrá en 2026—, estamos plenamente alineados con las prioridades políticas y estratégicas de Europa.
  • Sus accionistas son los 27 Estados miembros, ni más ni menos.
  • Cuenta con una cartera diversificada que permite combinar inversiones a gran escala con iniciativas innovadoras de alto riesgo y la movilización de financiación privada.

El Grupo BEI aprovecha cada euro del presupuesto europeo para movilizar 15 euros en inversión total, fundamentalmente del sector privado. Además, atesora una vasta experiencia en el desarrollo de instrumentos financieros que ponen el capital europeo al servicio de la economía.

Permítanme darles un ejemplo: los bonos verdes, una clase de activo que el Grupo BEI presentó por primera vez en 2007 en estrecha colaboración con la Bolsa de Luxemburgo, han movilizado desde entonces billones de euros de inversión hacia proyectos sostenibles, lo que ha reforzado el papel internacional del euro y consolidado los mercados de bonos europeos.

El Grupo BEI es también el mayor catalizador de financiación de riesgo de Europa, con una cuota del 30 % en el mercado de venture debt y del 25 % en el mercado de capital riesgo el año pasado. Firmamos operaciones en estos ámbitos todas las semanas.

TechEU, nuestro programa emblemático cuyo objetivo es respaldar 250 000 millones de euros de inversión en nuevas tecnologías de aquí a 2027, avanza a buen ritmo. En menos de tres años, nuestros instrumentos ya han duplicado el número de megafondos europeos que invierten en empresas en expansión (scaleups) y han facilitado la creación de 11 unicornios europeos (empresas de rápido crecimiento con al menos 1 000 millones de euros de capital).

Y hoy puedo anunciar que el Grupo BEI dará un paso más.

Este año, tenemos previsto ampliar el alcance de la iniciativa European Tech Champions, el mayor fondo de fondos de su categoría en Europa, que está plenamente dedicado a apoyar a las empresas en fase de expansión. Nuestro objetivo es atraer a inversores institucionales privados para que respalden a los innovadores europeos. Esto se suma a iniciativas de la Comisión Europea como el fondo ScaleUp Europe y el próximo 28.º régimen para inversores y empresas paneuropeos.

También estamos trabajando en el desarrollo de un conjunto de herramientas de salida, lo que incluye un aumento de las operaciones venture debt, instrumentos convertibles, financiación de adquisiciones, así como apoyo específico para la salida a bolsa en los mercados europeos.

Estamos deseosos de escuchar sus opiniones y propuestas esta semana, mientras ultimamos el diseño de estos instrumentos para responder a las necesidades del mercado. En breve, organizaremos también una mesa redonda con inversores para afinar aún más nuestra oferta.

La unión hace la fuerza

El tercer punto que me gustaría señalar es que, cuando nos mantenemos unidos, somos imparables. Por eso es tan importante forjar alianzas para alcanzar estos objetivos. Una y otra vez, la UE ha demostrado que puede pensar en grande y actuar con rapidez.

Mi confianza está completamente justificada. Permítanme compartir con ustedes algunos ejemplos.

En 2020, una empresa biotecnológica europea desarrolló una vacuna contra la COVID en cuestión de meses, ayudando así al mundo a superar una pandemia —que espero no se vuelva a repetir—. La UE lanzó un programa masivo de recuperación y resiliencia financiado con deuda conjunta. Fue una muestra de solidaridad y unidad sin precedentes.

Cuando la invasión rusa de Ucrania provocó un enorme encarecimiento de la energía, el PIB de la zona del euro creció más deprisa que el de China o Estados Unidos. La inversión en energía limpia está en auge y Europa está reduciendo de forma irreversible su dependencia del gas ruso.

Es todo un orgullo para el Grupo BEI financiar la mitad de los proyectos europeos actuales de refuerzo de redes eléctricas, uno de cada cinco parques solares, uno de cada tres proyectos eólicos terrestres y la mayoría de los proyectos eólicos marinos de Europa.

Desde interconexiones y redes de transporte de electricidad en España, Francia, Italia y Grecia e instalaciones nucleares en Finlandia, hasta nuevas líneas ferroviarias en Chequia, pasando por inversiones en eficiencia energética en Croacia, y para pymes de toda la UE; la descarbonización de la industria pesada en Portugal y parques eólicos marinos en Polonia.

Estos proyectos son símbolos imponentes de la excelencia y el poderío industrial europeos y están creando miles de puestos de trabajo en toda la cadena de suministro y respaldando sectores en los que Europa es líder mundial. La generación de energía limpia también reduce la dependencia de nuestras economías de las importaciones de combustibles fósiles, así como la volatilidad de los precios, y consolida la soberanía e independencia energéticas de la UE. La importancia de estos objetivos fundamentales del Banco Europeo de Inversiones en estos tiempos tan convulsos es más que evidente.

Las acciones europeas de energías renovables han subido más de un 50 % en el último año, lo que refleja el aumento de la demanda de energía limpia. Y los principales fabricantes europeos de automóviles registraron un crecimiento anual superior al 60 % en sus ventas de vehículos eléctricos en Europa.

Así que puede que la retórica política cambie, puede que haya debates al respecto en las más altas instancias, pero los argumentos económicos son claros: la revolución energética avanza con potencia, y Europa está liderando el camino hacia el futuro.

También debemos actuar unidos, con rapidez y a gran escala, para defender la democracia en este nuevo orden geopolítico.

En materia de inversión en seguridad y defensa, el año 2025 marcó un punto de inflexión para el Grupo BEI.

Hace exactamente un año, desde este mismo escenario, anuncié el cambio de nuestras políticas para ir más allá del uso dual e invertir en proyectos puramente de defensa.

En dos años, nuestros volúmenes de financiación se han cuadruplicado. En 2025, ya alcanzamos el objetivo del 5 % de nuestra actividad total dentro de la UE. El Grupo BEI cuenta con una sólida cartera de proyectos emblemáticos en cinco áreas clave:

  • Las grandes infraestructuras críticas, incluida la movilidad militar, por ejemplo, una base militar emblemática en la frontera de Lituania con Bielorrusia.
  • El refuerzo de las capacidades industriales europeas, a través del apoyo a empresas líderes en el ámbito de los drones y la industria aeroespacial.
  • La investigación y el desarrollo de nuevas tecnologías de seguridad, como los programas de investigación de Thales e Indra. Hace apenas unas semanas firmamos un acuerdo con una empresa neerlandesa innovadora que desarrolla una tecnología pionera de sensores de fibra óptica para proteger los fondos marinos y los activos submarinos de Europa, como las redes de alta tensión, otro programa de investigación novedoso que apoya, además, a grandes contratistas europeos.
  • En cuarto lugar, apoyamos a las pymes de la cadena de suministro de los grandes contratistas europeos de defensa, en colaboración con bancos comerciales, como Deutsche Bank, Banque Populaire Caisse d’Épargne en Francia, Piraeus Bank en Grecia, Erste Bank en Austria o Santander en España.
  • Y, por último, estamos promoviendo el desarrollo de un ecosistema de capital riesgo que invierte en la industria europea de seguridad y defensa.

También puedo anunciar hoy que vamos a ampliar el exitoso Mecanismo de Capital para la Defensa, a través del cual el Fondo Europeo de Inversiones (FEI) actúa como inversor ancla, lo que permite movilizar capital hacia fondos privados especializados en la industria de seguridad y defensa. Y durante el foro, anunciaremos otra importante inversión en un fondo paneuropeo de capital riesgo dedicado a las tecnologías profundas (deep tech) aplicadas a la defensa.

La seguridad no se limita a las capacidades de defensa; también está vinculada a la energía, la tecnología, nuestras infraestructuras sociales y los acuerdos comerciales que sustentan cadenas de suministro fiables y alianzas sólidas en todo el mundo.

Me complace contar con ponentes de alto nivel en este foro para seguir forjando alianzas mundiales sólidas en las que todos ganamos. Como orgulloso miembro de la familia de los bancos multilaterales de desarrollo, el Grupo Banco Europeo de Inversiones apoya numerosos proyectos excelentes que contribuyen a un mundo más estable, más pacífico y más próspero.

Conclusión

Y permítanme unas últimas palabras antes de concluir. La batalla por nuestra autonomía estratégica y nuestra prosperidad es, en esencia, una batalla por nuestros valores. Una batalla por lo que nos define como europeos, como las infraestructuras sociales que sustentan nuestro modo de vida, una atención sanitaria y una educación de alta calidad, alimentos y productos agrícolas, y viviendas dignas para nuestros ciudadanos.

Por cierto, el Grupo BEI va camino de duplicar el volumen de financiación destinado a la innovación, la renovación y la construcción de viviendas, y ofrecer un millón de viviendas en toda Europa de aquí a 2030.

Es una batalla por una sociedad más inclusiva, con igualdad de oportunidades para todas las regiones, todas las comunidades y todos los grupos de nuestra Unión.

En vísperas del Día Internacional de la Mujer, vamos a anunciar un nuevo Plan de Acción en materia de Género para seguir empoderando a las mujeres y promover la igualdad de género a nivel político, económico y financiero.

Determinados conceptos, como «clima», «inclusión» e «igualdad», e incluso «mujeres», que han sido desterrados y resultan revolucionarios, se han convertido en nuestra brújula.

Porque eso es lo que hace grande a Europa.

Nuestra fortaleza se basa en el progreso, no en la nostalgia. Permítanme concluir con la letra de una canción de Leonard Cohen que me parece muy inspiradora: «Ring the bells that still can ring… There is a crack, a crack in everything. That's how the light gets in» (Toca las campanas que aún puedan sonar... Hay una grieta en todo, así es como entra la luz).

Por tanto, que suenen las campanas.

Sigamos avanzando.